Imagínese que ocurriese un fuego de proporciones devastadoras y que los empleados públicos que tuvieran que bregar con esta emergencia no acudieran a sus trabajos o que antes de acudir pidieran que se derogara la ley de los despidos de empleados públicos y que fueran todos reinstalados sin que tomaran efectos las cesantías el 6 de noviembre.
Eso es lo que pudo ocurrir con el incendio en la Gulf Caribbean Petroleum, una emergencia nacional (aquí en Puerto Rico, si los yankis quieren hacerla suya, allá ellos) de tal envergadura, que si los bomberos hubieran decidido no acudir, el gobernador y toda su claque hubieran tenido que recurrir a mear todos al unísono para tratar de confinar el fuego a la refinería y evitar su expansión.
Y eso es por mencionar sólo a esos esforzados empleados públicos que tuvieron que recurrir a los tribunales para que declararan ilegales sus despidos.
Pero es que lo que ocurre es que la decencia de los empleados públicos y su compromiso con este pueblo y esta nación está por encima de los poquita cosa clasistas, racistas, fascistas y energúmenos que se han apoderado de este país.
Y que se sepa que los bomberos NO fueron para cumplir con esos enclenques morales que fungen de gobernantes de la colonia, o monigotes de los que realmente obstentan el poder... fueron porque aman a este pueblo. Fueron porque son unos entregaos a su trabajo. Fueron porque son competentes. Fueron porque primero va el deber. Fueron porque son gente decente y fajona, y no unos indecentes y corruptos como los hijos de la gran puta crapulosos que rodean al gobernador bastardo (para no cansarlos con hijo de la gran puta) y para los que trabaja.
Pero pudieron reclamar lo que he planteado: la derogación de la ley de despidos... ah, y cumplir con las promesas de campaña esenciales para el bienestar de TODO el pueblo, empezando por los más jodidos que estamos en la escala económica.
Pudieron haberse puesto tan vengativos y poca cosa como esos elementos que dicen gobernarnos y haberle hecho ese reclamo a Fortuño, el hijo de la gran puta, y a toda la cuadrilla de hijos de la gran puta esa que quiere demoler al país. Y que han echado a la calle a los mismos a los que hoy les piden toda su cooperación.
¡Qué leche tiene Fortuño - aunque carezca de güevos - de contar con un pueblo noble ante la adversidad como lo es el nuestro!
Que aprendan él y los bastardos hijos de la gran puta que ostentan el poder con quien es que están bregando. Y de quienes quieren disponer.
NOTA: Durante estos sucesos el figurín que tienen haciendo de administradorciro de la colonia sufrió una metamorfosis gradual: de administradorcito colonial a cargo de la situación, rodeado de sabandijas politiqueras, a capataz de CAPECO que a diario lo veíamos haciendo lo que los dueños aún no han hecho - como chequear el estado de las instalaciones después del siniestro e informarle a la ciudadanía al respecto -; abogado de los dueños - que por carambola lo es ya que el abogado que representa a los gangsters israelitas es del bufete del cual él procede, y para ser más preciso, es el que está a cargo del fideicomiso ciego del gobernador, fideicomiso que, de hecho, hasta hoy nadie sabía que existía; y ha terminado como siempre termina: desapareciéndose de la faz de la tierra cuando le estallan en la cara conflictos de interés o tiene problemitas de proyección.