Elver Dugo Taims
un periodiquito periódico independientemente independiente de sátira política puertorriqueña

Arriondas me espera, querido

por Tina Casanova

8 de junio de 2008

 

 
Nosotros despertamos primero que Arriondas. Pero es cierto, nos echamos a dormir también primero que ella. Nunca podremos acostumbrarnos a este misterio. Pero tiene una explicación. Nuestro reloj natural sigue programado según nuestro tiempo, no el tiempo de Arriondas. El tiempo de Arriondas tal vez sea un tiempo que solamente pertenece aquí, una pausa estática, un espacio abierto entre el Monte Sueve y los Picos de Europa
 
Nos vamos, y al regresar, diez meses después, nada ha cambiado. El sitio, la gente, el hilo de la vida, todo sigue igual. Pero, ¿no pasa lo mismo con lo que dejamos atrás? Es como si doblaras la página del libro que vas leyendo y lo volvieras a abrir pasados diez meses. Si no olvidas el hilo de la trama, retomas la lectura sin mayores inconvenientes. Al partir de Puerto Rico es lo mismo. Te vas, regresas en dos meses y todo sigue igual. Es como dejar en pausa un programa en la tele.

Me maravilla pensar que la vida es eso, una historia que continúa a pesar de nosotros. Pongámosle de esta forma: La vida, entonces es una tejedora que teje una pieza que nunca estará terminada por completo. Sin pausas y sin treguas. Nosotros entonces seremos los espectadores mudos, que tras la ventana la vemos tejer. Si nos alejamos por unos instantes, al regresar, la pieza tejida tal vez esté más amplia, pero jamás más terminada. Para los que no se alejan de la ventana, la tejedora y su pieza siguen ahí, sin cambio y sin novedad. El cambio está entonces en el que se aleja.

Eso es Arriondas para nosotros, una tregua en la ventana de la vida. Si no tomamos esa tregua, nuestros ojos se aburren de ver la tejedora tejiendo sin treguas su pieza que nunca estará completamente terminada. O se aburren de ese programa en la tele que tampoco tendrá fin. Serán estas escapadas entonces, por compararlo con algo diferente, el salvapantallas de nuestra computadora interna. Si no tiramos el telón, si no cambiamos de paisaje, se nos funden los circuitos a fuerza de uso continuo. Este espíritu de evasión debe estar profundamente incrustado en nuestros genes. Es de lo que echamos mano automáticamente para que las neuronas de nuestro cerebro no terminen sofocadas de puro tedio.

Y Arriondas puede ser ese paraíso a donde decidimos ir cuando nos alejamos de la ventana de la vida. Pero primero me permito describir a Arriondas según mi forma de verla. Arriondas, muy bien simboliza en todos sus detalles la pieza de la tejedora. Es el paraíso. Claro, el paraíso no lo sería sin la serpiente y el pecado. Y tampoco sin los políticos y los escándalos. Aquí en Arriondas también tenemos los medios de comunicación para darnos cuenta de ello. Al grito de “abracadabra” tendremos ahí, de frente, a los Berlusconis de la vida con sus escándalos sexuales. La eterna contienda Rajoy-Rodríguez Zapatero. Las elecciones de la Unión Europea con sus políticos y su carga de cinismo y mentiras coladas. Igualito que allá, ni más ni menos.

Arriondas: un pueblito que todavía respira reposo, paz y tranquilidad. El estrés y la ansiedad de todo un año se van diluyendo en una caminata por los muchos senderos preparados que Arriondas nos ofrece; el parque La Concordia, la vereda asfaltada a orillas del Río Piloña, la otra a orillas del Río Chicu, la plaza. O simplemente recorrer las calles desiertas a las ocho de la mañana, mirando vitrinas. El abrazo del Piloña con el Sella es punto obligado. Allí, donde unen fuerzas estos dos hermosos ríos, comienza la vida. La neblina que se levanta nos espabila y ya se siente hambre. Recogemos el periódico y la barra de pan caliente en el Fornu de Andrea y corremos a preparar el café al pequeño piso en la calle Nicanor Piñole. Para cuando terminamos de desayunar y leer el periódico, Arriondas se levanta. ¡Son las diez de la mañana!

Luego decidimos si quiero escribir, o simplemente sentarme en La Tropical a tomar una copa de guindilla y tratar de arreglar el mundo con los jubilados que todavía continúan peleando la guerra civil. Una cosa lleva a la otra. Luego de escucharlos en su eterno debate, es casi obligado correr al ordenador y recoger ese rico despliegue de ideas y contradicciones. Hay que aprovechar el tiempo, porque a las dos de la tarde Arriondas se retira a dormir la siesta. Es España con su siesta el dolor de cabeza de la Unión Europea. ¿Cuándo trabajan? ¡Pero trabajan!

A las cinco los comercios abren de nuevo las puertas y hasta las nueve, la actividad continúa sin pausa. A la salida, las tabernas se llenan. Los esposos, los amigos, la familia se encuentran y ¡a las tapas! Luego a las diez, a preparar la cena y terminar las labores de rutina en los hogares.

Afuera, la tejedora incansable, sin pausas ni treguas, teje su pieza que nunca debe culminar. Pegados a la ventana, nosotros, visitantes por dos meses al año, observamos a la tejedora, pensando que en agosto, nos retiraremos de esta ventana y retomaremos aquel programa de tele que dejamos en pausa al partir de Puerto Rico.

Tina Casanova
Arriondas, Asturias
6 de junio de 2009

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