He estado observando y siguiendo el rastro de este personaje que hoy se hace llamar Fortuno, aunque nació Fortuño y tengo que colegir que en la transformación de su nombre, se evidencia la transculturación de la que es producto y a la que aspira el grupo político que representa. Veamos las premisas de este planteamiento con sus correspondientes conclusiones.
Fortuno abandonó la tilde o virgulilla de la letra con que nació como puertorriqueño… lo que demuestra que le tiene sin cuidado la “puertorriqueñidad”, por lo que este asimilado americano, debe ser considerado “portoricano” (gentilicio derivado de la nomenclatura que nos impuso el invasor cuando nos cambió el nombre a “Porto Rico”), con la terminación de “ano”, que es tan oportuna para este ciudadano “americano”.
Y es que no se puede decir que la virgulilla en cuestión sea un signo innecesario o un adorno de la letra ene, por el contrario, es una parte indispensable de la eñe, que es una letra independiente de la otra, en el alfabeto de nuestro vernáculo, el “español”, que en su nombre también lleva la eñe con su característica virgulilla.
A Fortuno nada que lleve tilde o virgulilla le “atañe” y es por eso que es un “manilo” sin mañas, que lo que produce son desaciertos ya que no puede “añadir”, sino quitar, por lo que jamás entenderá de lo que se trata la soberanía, porque para él ser “dueño” y ostentar el “señorío” de la patria, es algo peregrino e insólito.
Como corolario a la cuestión, hay que decir que este señor, también dejó de ser “señor” y por ende, dejó de ser gente, para convertirse en un “ente” amorfo, de la categoría de una marioneta o títere sin cabeza que no sabe dónde está “parao”, si va o si viene, de dónde vino ni “pa’donde” va. Esta confusión endémica sin duda que debe tener que ver con la pérdida de esa importante virgulilla, ya que sin ella se le dificulta mantenerse “parao”, por lo que se nos manifiesta como una especie de “tente en pie” que oscila irremediablemente de sur a norte y del este al oeste, gravitando en giros constantes de posturas.
También la pérdida de su virgulilla lo llevó a abandonar su “niño interior”, lo que es un menoscabo importante porque es lo que le dificulta construir sublimes “sueños”. Cuando el amputado Fortuno trata de soñar, como carece de esta vírgula, pues lo que hace es “sonar” huecamente la bocina de las palabras que salen de su boca, así como la de la desgastada guagua en la que se transporta para lo que él debe llamar su “campana” política. Este “desvirgulado” eunuco también está impedido de tener “añoranzas” y es por eso que vive a espaldas de su pasado y no puede recordar sus verdaderas raíces.
Estas y otras reflexiones sobre la ausencia de la virgulilla de este sujeto me llevan a concluir que este grotesco monigote (porque muñeco no puede ser sin la virgulilla) no tiene futuro, ya que también perdió su mañana y tampoco va a poder celebrar la despedida de año ni recibir el 2008; así que a él, lamentablemente sólo podemos desearle, con toda la vírgula de nuestro “cariño”, que tenga un Feliz “Ano” Nuevo…ya que si pierde las primarias, al igual que perdió su virgulilla, sin duda que lo va a necesitar.