A la verdad que los hazmerreir de los tres partidos políticos puertorriqueños que asistieron ayer a la vistita sobre el HR900 no tienen remedio. Ellos van a esas ridiculeces como si fueran a algo importante y trascendental. Casi todos se comportan como emperadorcitos o dictadorcitos de poca monta y como si tuvieran alguna autoridad sobre el Imperio.
Lo primero que debemos saber es que la basura de proyecto plebiscitario que llegó a esas vistas bajo el nombre HR900 no era más que un facsimil del proyecto original, más mutilado y desfigurado que la cara de Rosa Emilia Rodríguez cuando nos la muestran con su inseparable mueca en las fotos que salen en la prensa, o que la de Pedro Rosselló cuando le dan sus ataques de euforia en las actividades a las que asiste.
Además tenemos que añadir que mienten los medios de comunicación que dicen que el proyecto fue aprobado por la Cámara de Representantes del Congreso norteameri-KKK-ano. El proyecto fue aprobado en el Comité de Recursos Naturales de ese cuerpo legislativo después de una profundísima y extensísima discusión que duró como dos horas a lo sumo y a la cual asistieron los mismos de siempre de la política del patio, o al menos clones o réplicas razonables.
No importa lo que digan quienes digan lo que digan en torno a las vistas, sean políticos del patio, analistas con guille de pitonisos o locos con guille de analistas, el verdadero resultado lo dió Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes nortemari-KKK-ana, que en sus propias palabras dijo que el proyecto no va para ningún lado.
Mientras cada uno de los comiquísimos personajes trágicos de la comparsa de le payasada politiquera puertorriqueña interpretaba lo que sucedió en las vistas del comité a su modo muy particular y personalmente personal: era una victoria para cada cual -, la Pelosi les dijo claramente que lo que se aprobó, si es que se aprobó algo, del salón de vistas no iba para más ningún otro sitio. Pelosi dejó saber que el futuro del hijo bastardizado de Fortuno es similar al de la carta que en una ocasión le envió Melinda Romero a Juan Pablo II en la cual se quejaba de que Sila La Breve estaba usando las iglesias para hacer política. Dicen que se le entregó al sumo pontífice mientras estaba en el inodoro y se encontró con que no había papel higiénico; y no se sabe si fue debido a la emergencia o a que vió la firma en la misiva, pero el uso que se le dió fue el de papel de inodoro.
Pelosi comentó que "desgraciadamente" el comisionado residente Luis Fortuno y el equipo de trabajo de Nick Rahall, demócrata de West Virginia y presidente del comité, "no llegaron a un lenguaje de compromiso con mi oficina" por lo que ella les estaba comunicando que "no puedo apoyar este proyecto o el lenguaje sustituto propuesto". Y con esas sentencias lapidarias dió por muerto el proyecto. Fortuno tendrá que dejar su constante lloriqueo y 'ñeñeñé' ante todos sus infortunios cotidianos porque en esta ocasión no podrá decir que Pelosi la tiene cogida con él porque es republic-ano, porque el tapaboca se lo dió también al equipo del demócrata que trató de darle una ayudita al "lloroncito" del Perpetuo.
A mí este individuo Fortuno me recuerda a Fortunato, el personaje del cuento de Edgar Allan Poe, "The Cask of Amontillado" (El Barril de Amontillado). Fortunato, un experto en vinos, fue invitado por Montressi, un antiguo amigo suyo que le guardaba añejados rencores, a degustar un vino que le habían regalado a éste y les esperaba en su bodega. Le habían dicho que era un rarísimo Amontillado, y como no estaba seguro si lo era, le pidió a su espiritoso amigo que fuera con él para que se lo confirmara. Tras varias copas del vino, que sí era Amontillado, Montressi decide enterrar vivo a su odiado enemigo en un nicho, detrás de un muro de ladrillos que él mismo erige ante la mirada atónita de su víctima encadenada a una pared en una de las catacumbas del frío sótano de su mansión. A Fortuno como al buen Fortunato del cuento, los complacientes y aguajeros gringos, que no actuan sobre nada relacionado a resolver nuestro estatus, le embriagaron de poder falso y de importancia cosmética, y le hicieron estas vistas sobre su proyecto - bastante deformado, como ya hemos dicho -, y se lo aprobaron... para luego de aprobado darle sepultura en una recóndita bóveda del capitolio, condenado al olvido.
Como dijo Montressi después de poner el último ladrillo en el muro de lo que sería la tumba de su odiado amigo Fortunato: "Riquiescat in Pace" HR900.
Y que se tranquilicen los payasos del patio que fueron a las vistas y los que no fueron pero que de igual forma andan por ahí cantando victorias ficticias. Que tengan claro que lo que los amos le han dado a probar es la misma ñoña plebiscitaria que nos endilgan periódicamente, siempre en diferente palito (o séase que se sea siendo: el mismo payco de mierda en distinto palito o el mismo límber de excremento en otro vasito). Y todos, después de chupársela, andan relamiéndose y chupándose los dedos por haberla probado, hasta que les traigan la otra en otro palito.