Cuando uno es jovencito el tiempo parece interminable. ¿Recuerdas lo laaaarga que parecía la clase de álgebra, o la misa dominical, cuando uno tenía quince años? (¡Y que cortito el “recreo” escolar!)
A medida que pasan los años, el tiempo – no se si se acorta o acelera en su ritmo – se nos va más rápido. A mí como que, de 1963 para acá, se me ha ido la mayor parte de mi vida en un abrir y cerrar de ojos. Estoy en mis sesenticortos y te juro, maestro, que cada día se me va más rápido que el anterior.
Siguiendo en esa onda: ¡hace 35 años que te nos fuiste, maestro, y... parece que fue ayer!
TREINTA Y CINCO años, Eddie; un poquito menos que la edad de mis hijos mayores y unos añitos más de los que estuve casado. ¡Y TREINTA Y CINCO años después de tu partida sigues siendo el primero y el mejor.
Desde 1986 – hace ya 20 años – te he estado escribiendo y diciéndote esencialmente lo mismo. Más allá de mi inquebrantable devoción y admiración me quejo, me lamento y despotrico contra todos los hijuelas que tienen a Puerto Rico hecho un patético e insoportable paisito de mierda.
A lo que ha llegado nuestra patria no le puede agradar a ningún ser humano de sensibilidad que ame la tierra que considera suya y al pueblo que la habita. Parece ser que cada día son menos los seres con dignidad, vergüenza y honor en esta ínsula desquiciada donde el consumismo y la apariencia privan sobre el trabajo y la hombría y la “mujería” de bien.
Politicastros (“politiqueros”, en buen puertorriqueño), delincuentes, vagos, vividores, extranjeros indeseables, charlatanes y fanáticos religiosos y toda una pléyade de gente MALA jode a este país a más no poder. Nuestros peores y más peligrosos delincuentes no están en los “puntos de drogas” sino en el liderato político de nuestra ínsula estrafalaria.
La principal mafia del país no es la que contrabandea drogas narcóticas y armas de fuego sino la que controla la Legisbasura y la mayoría de los municipios. Nuestros Al capones, Meyer Lanskys y Lucky Lucianos se llaman Carlos, Pedro, jorge, Thomas, Epifanio y así por el estilo.
Un país donde más de 950 mil imbéciles le dieron el voto a un deesquiciado megalómano, clasista, racista y solemnemente HIJO DE PUTA no puede ser otra cosa que un jodío paisito de mierda. ¡Y pensar, mi querido maestro, que ese paisito de mierda es la única nación y la única patria que tenemos los puertorriqueños! Digo, maestro, los puertorriqueños y no “los ciudadanos americanos residentes en Puerto rico” porque, por Dios y mi sante madre, que no son la misma cosa.
El Puerto Rico de inicios del siglo 21 está, como dicen los cubanos, DE PINGA. Y “a la pinga”, como decía el Libertador Bolívar, es donde nos vamos a ir si seguimos con nuestras coloniales y bocabajistas pendejadas.
Mira si esto está del carajísimo coño, maestro, que los enajenados mentales y espirituales del Partido Nuevo Progresista (PNP) ya no saben que más ridiculeces inventarse en su malsano afán de descionalizarnos para facilitar la anexión al imperio del mal (“The bad-old U.S.A.”).
Como si fuera poco la absurda ridiculez de Jéctor Ounil de poner todos los nombres en inglés en Guaynabo (“Guaynabo City”, Guaynabo City Municipal City Hall”, “Guaynabo City Police” y supongo que hasta “Guaynabo City House of Prostitution”) y la del trilingüe alcalde de yauco (en español, in english et en francais), ahora se une el mafiosito que funge como alcalde de San Juan.
Machine Gun Pretty Boy Santini, major of Saint John of Rich Port, no se conformó con cambiarle el nombre al Estadio Hiram Bithorn por el de Jairam Bithorn Stadium, no señor. Pretty boy tenía que OUTDO a Jéctor (el de Guainaibou City) y a Eibol (el de la trilingüe metrópolis de Yauco). Así que, ni corto ni perezoso, decidió que, de aquí en adelante, Río Piedras (“Stones River, wider than a mile, I'm crossing you in style some day”) se va a llamar “RIO” (se pronunciará RIOU).
Eddie, no me preguntes a que carajos se debe eso. Nadie sabe a ciencia cierta, aunque las teorías están choretas. Hay quien dice que Rio Piedras va a ser el punto central de una campaña del municipio de San Juan para atraer turistas gringos a nuestra ciudad capital. (Ya Santini se está tumbando de $2 a $5 por persona, por noche, en los hoteles de San Juan.) Siguiendo su trayectoria de honestidad y rectitud, Santini pretende venderle a los gringos la idea de que Río Piedras es algo parecido a Río de Janeiro. De hecho, eddie, los que dicen eso alegan que el lema de esa propaganda turística va a ser: “Flying down to Rio – for half the distance and half the fare”.
Otros (un poquito menos generosos) sostienen que eso no es más que otro arrebato de Santini. Sostienen esos que Santini se olió un polvo blanco (yo quiero creer que fue “Johnson's Baby powder”) mezclado con excremento de gusano ex-cubano y el arrebato que le dio produjo la brillantísima idea de eliminar las Piedras y dejarlo en RIOU.
¿Te fijas, maestro? Por cosas como estas que te he narrado es que tengo que insistir en dos cosas: (1) Puerto Rico es el boricuismo mágico, que se le mea en la cara al realismo mágico y (2) ESTO ES UN PAISITO DE MIERDA.
Y que conste, Eddie, que en esta conmemoración de los 35 años de tu partida no te voy a comentar nada sobre los independentistas arrogantes, ni sobre los poco serios, ni sobre los que resultaron ser viles oportunistas y mercaderes baratos, ni sobre los ex-marxistas-leninistas ultrarevolucionarios y comecandelas hoy convertidos en grandes capitanes de la industria y capitalistas descarados, ni sobre los que querían llegar a la Legisbasura colonial para “desde las bancas parlamentarias adelantar la lucha por la indepencia” y llevan 33 años viviendo del fondo electoral. (“Y la independencia”) me preguntas? No tan bien, gracias).
¿Para que comentarte de esos y así alterar tu paz celestial?
Como habrás visto (en realidad leído), maestro, mientras más pasan las cosas más igual se quedan. Por eso fue que te dije, parrafos atrás, que por 20 años te he estado diciendo lo mismo: y ahí, precisamente, es que radica nuestra gran tragedia nacional. Estamos tan, o más, atrás que cuando comencé a escribirte en 1986 (te puse una notita en el 1985) o que cuando te fuiste el 26 de noviembre de 1971.
Puerto Rico no va para ningún lado, Eddie. Estamos como un barco sin motor y sin timón en el mismo medio del Triángulo de Las Bermudas o, para decirlo en buen puertorriqueño, como un carro con las cuatro gomas explotás.
Ante ese cuadro, maestro Eddie, es perfectamente comprensible mi ya legendario pesimismo y mal humor (“Hombre de buen malhumor”, me llamó el inmenso Quique Ayoroa). Tú, como nadie, podrás entender esa “negatividad” que me achacan familiares, amigos, ex-amigos y enemigos por igual.
Por eso, contrario a tí, nunca he podido ser un humorista simpático y agradable para todo el mundo. Yo no tengo – y nunca tendré – tu elegancia, maestro. Ojalá y la hubiese tenido porque me hubiese economizado muchísimas amarguras y desengaños. ¡Pero que se va a hacer, maestro, si vine así de fábrica!
Sea como fuere, estoy aquí y en pie de lucha. He estado escribiendo muy esporádicamente durante el año 2006. Sabes que estuve a punto de mandar a todo al carajo y no escribir más. Pero, hideputería obliga y lo que me queda de mi devota fanaticada me exige que no cuelgue los guantes todavía (además de dos o tres de las sensuales baladistas y merengueras con las que todavía salgo que me dicen que les gustan “las cosas esas que tu escribes con muchas malas palabras”).
Bueno, maestro, no se que más decirte. De mí tú lo sabes todo. Se que hay cosas en que he estado envuelto que no te hubiesen gustado (porque implican a conocidos tuyos) pero que no iban a cambiar nuestra relación de maestro y discípulo indisciplinado. Y muchísimo menos afectar el gran amor y la gran admiración y respeto que te tengo.
Entre tu y yo nada cambia, todo siempre se quedará igual. Tú eres mi maestro en las lides del humor y lo serás hasta el día de mi muerte. No hay dios ni diablo que pueda cambiar eso.
Me saludas al maestro Nemesio Canales cuando lo veas por allá.
Como siempre, recibe el amor, la admiración y el respeto de quien siempre será,
el más irreverente de tus discípulos,
Fernando Clemente