A mi no me cabe la menor duda de que en Puerto Rico no hay nadie que quiera atentar contra la vida de Carlos Romero Barceló, al menos no por cuestiones políticas, incluyendo los asesinatos del Cerro Maravilla.
Una de las razones más poderosas para que no atenten contra "El Corcel de Belcebú" es que todo el mundo sabe que el tipo no vale el precio de una bala.
Digo, que tal vez algún día venga un marido celoso - o algún cliente que Romero haya estafado en su negocio de bienes y raices - y le meta un tiro en el pecho*, eso sólo el tiempo lo dirá. Pero la pejiguera esa de tener una escolta porque teme por su vida por motivos políticos, ¡ese cuento no se lo cree nadie!
Lo mismo sucede con su exarchienemigo, Rafael Hernández Cuchín - el Conde de la Mermelada, Monarca de las Pamplinas y Faraón de Ponce** - que desde siempre ha andado por ahí con un guille de que es mierda - y no se equivoca.
Estos dos esperpentos - que no son más que dos baratijas políticas - han llegado hasta el punto de cabildear en la Legisbasura para que pasen una ley que les otorgue escoltas vitalicias. Y los legisladrones, que son expertos en meterle la mano en el bolsillo al pueblo de Puerto Rico, han aprobado un proyecto de ley que no sólo les concede a esos dos energúmenos las escoltas mentás de forma vitalicia, sino que también les aumenta el número de agentes.
En realidad, esos tipos lo que quieren es tener muchachos de mandaos, nanas (o nanos) para sus nietos, choferes que les carreteen... en fin, una servidumbre tipo aristocracia europea.