Hace unos meses atrás el Cacapitolio de Puerto Rico fue objeto de un ataque terrorista de gran magnitud que, a pesar de haber sido así, pasó desapercibido.
Yo soy testigo de todo esto porque el atentado fue perpetrado por un amigo mío cuyo nombre voy a reservarme por razones obvias de seguridad personal propia de mi persona.
Mi amigo me dijo que después de evaluar toda la porquería que han venido haciendo los res-presentantes y cenadores en la letrina más grande y más cara que hayamos construido desde que los yanquis las trajeran a Puerto Rico (si nos dejamos llevar por el libro inédito de HISTORIA HISTERICA DE PUERTO RICO según Jorge Santísnif de que los montes eran nuestros inodoros hasta la invasión del 1898) lo que merecía la edificación era un ataque terrorista contundente... con todos los legisladores adentro.
Convencido de que el pueblo ya esta hasta la coronilla con la guachafita legislativa, pensé que la locura de mi pana era muy comprensible. Recordé los recientes, o al menos no muy lejanos, movimientos populares alrededor del mundo en que multitudes de ciudadanos han entrado a las sedes de distintos parlamentos y, desde las oficinas de los parlamentaristas, han tirado por las ventanas a los escritorios con todo y usuarios; otros hasta los han dinamitado en ataques suicidas para hacerse oír (aunque, después de muerto es muy difícil que oigan a uno); y en algunos poblados han incendiado vivos a sus alcaldes por corruptos y sinvergüenzas.
Entonces pensándolo bien, llegué a la conclusión a la que tantas veces he llegado de que a la verdad que los de aquí están pasaos de que, por lo menos, les echemos brea por encima y los cubramos de plumas de avestruz culeco con fiebre aviar(algunos se merecen que después le peguen un fósforo, pero vamos a ser un poquito condescendientes) o les demos algún castiguito como esos con los que el Bosco puso a gozar a los condenados en su sección del Infierno en el tríptico "El Jardín de las Delicias".
Yo no participé en él pero puedo dar fe de que mi amigo llevó a cabo su ataque terrorista que, por esas cosa de la vida, pasó desapercibido.
Imagínense, la explosión no se sintió a pesar de que mi pana uso una cantidad de explosivos equivalente a un millón de veces más de los que han lanzado indiscriminadamente sobre la población civil del Líbano los desgraciados y genocidas israelitas en sus más recientes actos de terrorismo de estado contra aquella nación .
Esto fue lo que ocurrió.
Como todos sabemos, el cacapitolio está equipado con detectores de metal con los que los agentes de seguridad escanéan a todos los que entran al Antro de Perdición y Punto de Drogas de Puerta de Tierra (también conocido como el Cacapitolio) - menos a la ganga de Julito Labatut, cuando esta rata gusana excubana es homenajeada, y a los bichotes del narcotráfico, amigotes de Héctor Martínez, Epifanio Jiménez y Lornna Soto - para detectar si traen metales - escopetas, metralletas y cañones de 50 milimetros, entre otros. Para evitar que le detectaron los 7 cohetes tierra-tierra y los 35 drones de 55 galones cargados de plutonio que llevaba debajo de su vestimenta de reggaetonero, mi querido amigo decidió poner la inmensa carga de explosivos en el sistema de alcantarillado del cacapitolio, debidamente bloqueando las tuberías para que la onda de energía de la explosión corriera hacia y saliera por los inodóros del cacapitolio. De esa forma lo derrumbaría de adentro para afuera, lanzando el domo de la rotonda rumbo a Plutón, cual objeto volador no identificado, y dispersando los cuerpos descuartizados de los funcionarios disfuncionales por todos los alrededores.
Pero tal parece que alguien le sopló a los legisladores sobre este ataque y ellos, como vieron que no podían huir a tiempo, siguieron los pasos del Manual Antiterrorista que Blakeman le suministró a Nélida Santiago y, sin perdida de tiempo, cada uno se quitó la ropa (los que la tenían puesta) y fue y posó su fundillo en un inodoro diferente. Y cuando ocurrió la explosión, la potente onda de energía y de toda la porquería acumulada en las cañerías, fue absorbida por los sacrificados anos de los deshonorables honorables. Tal y como dice el manual: la onda entró por los honorables culos de los culos honorables, digo, de los legisladores, pero aunque ellos tenían la boca abierta, para que les saliera por ella, parece que estos tipos están tan y tan vacíos de cerebro que a todos se les quedó en el espacio donde debiera estar dicho órgano .
Gracias a esto, el pueblo no se enteró del más gigantesco ataque terrorista ocurrido contra el Marmóreo Adefesio de Puerta de Tierra.
Algunos comentarios de algunos legisladores:
"A mi lo que me dió fue como una cosquillita", comentó Chiquitota González.
"Yo ni lo sentí", dijo el extraabsorbente Víctor García San Inocencio.
"Fue como tomarme un mojito cubano por el trasero", indicó Roberto Malango.
"Enemas de litio más fuertes que esa me ha puesto Maga a mí y yo lo que hago es reírme", aseveró Pedro El Loco Robeyó.
"Yo sólo espero que no me haya causado daño celebral en el ano", comentó Liza Fernández, la Arada en Llamas.
"Para mí fue como tirarme un peíto pa, dentro", dijo el gordísimo y poco musculoso pero muy culoso mastodonte de Ponce, Juan Eu¿genio? Hernández Cuchinito.