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Elver Dugo Taims

un periodiquito periódico independientemente independiente de sátira política puertorriqueña
24 de julio de 2006    /    San Juan, Puerto Rico
 
 
PALESTINA: Una aproximación necesaria
Por Jesús Delgado Burgos

 

Nota aclaratoria

El presente ensayo tiene como propósito hacer una aproximación sucinta a algunos aspectos de la historia y la lucha del pueblo palestino por su liberación nacional en el contexto de la tragedia de la reciente invasión del ejército israelí a Palestina, El Líbano y el cerco a la franja de Gaza. Está basado en una serie de lecturas y ensayo historiográfico que hiciera para el seminario “Problemas teóricos del mundo moderno, el Islam y el mundo árabe” en verano de 2005 ofrecido por el profesor Bruno Ferrer del Departamento de Historia en la UPR, Recinto de Río Piedras y que he actualizado a la luz de los recientes acontecimientos. No es un trabajo acabado ni un tratado de verdades absolutas sino más bien aproximaciones a una realidad histórica que algunos comentan y pocos conocen. A raíz del triunfo del Movimiento de Resistencia Islámica (HAMAS) en las elecciones palestinas de enero pasado pensé publicarlos a manera de artículos, pero por razones de trabajo, estudio y otras consideraciones no me fue posible hacerlo. Lo pongo a disposición de los interesados en el tema con el propósito de contribuir a crear conciencia de holocausto que sufren en estos momentos palestinos y libaneses frente a Israel..

jdb, julio de 2006.

 

        I. En Alemania se gritaba el “gooool", y en Palestina bombas israelíes cantaban loas a la muerte


Mientras el público televidente occidental y de casi el mundo entero era prácticamente hipnotizado por las imágenes del mundial de balompié, en otra parte de ese mismo mundo mujeres, niños y hombres; infantes, adolescentes y ancianos; amistades y familias enteras; poetas, artistas y escritores eran víctimas de la invasión militar efectuada por el ejército sionista israelí. Mientras la prensa deportiva y no deportiva comentaba las jugadas más espectaculares, esa misma prensa prestaba muy poca o ninguna atención a la horrenda tragedia del pueblo palestino. Terminada la euforia del futbol y la añoranza de ver al equipo de Argentina o Brasil levantar la copa del triunfo, todavía en los medios de información cotidiana se sigue comentando sobre el triunfo de Italia sobre Francia y el cabezazo de Zidane.

     En tiempos muy remotos, más allá del campo de batalla, había que esperar semanas o meses para enterarse del resultado o las incidencias de una guerra. Tal vez la más rápida y veloz fue la de Filípides quien, tras recorrer sus 42 kilómetros, llevó a los atenienses la noticia de la victoria sobre los persas en la batalla de Maratón en 490 a.C. En esta época cibernética, no hay que correr tanto ni esperar a que los editores distribuyan textos de teletipos para redactar la noticia. En fracciones de segundos y en los lugares con acceso al medio, se recibe la información e imágenes que recrean lo que está ocurriendo. Al amparo de esa tecnología, la Guerra del Golfo en 1991, la invasión a Afganistán en diciembre de 2001 y la invasión militar a Irak en 2003 fueron transformadas por Estados Unidos en serie televisiva al rojo vivo. Las imágenes transmitidas estimulaban alabanzas y júbilo en las mentes guerreristas, pero también provocó indignación y protestas inmediatas en todo el mundo. Eran tiempos de escalada militar y sus efectos los notamos hoy también en la invasión israelí a Palestina, al Líbano y en el cerco genocida que se ha establecido sobre la franja de Gaza.

          Aquellas imágenes de misiles teledirigidos cayendo sobre Bagdad para convertir en escombros zonas residenciales, hospitales, museos y escuelas, además de toda la infraestructura civil y militar, resultaban escalofriantes. Hoy se ocultan las imágenes instantáneas del bombardeo indiscriminado israelí. Recuerdo que una noche de un 14 de febrero de 1991, mientras caían bombas sobre Bagdad, un grupo de amigos me invitaron a una velada poética. En mi mente no cabía la posibilidad de estar degustando vino y leyendo poesías mientras a cientos de millas de distancia morían víctimas inocentes de una guerra atroz. Me abstuve de asistir a la bohemia. En cambio, a manera de homenaje y protesta por aquel genocidio, escribí una “Carta poética a mis amigos en una noche de bohemia” que a quince años de escrita adquiere el mismo sentido de entonces. La comparto con el lector a manera de grito de protesta por lo que en estos momentos sucede a libaneses y palestinos:

Carta Poética a mis amigos
En una noche de bohemia
 
15 de febrero de 1991,
a 30 días de la guerra

Amigos míos:
                   Artífices de música y poesía,
                                           Constructores de versos y piropos;
hoy se cumple un mes
del plazo fijo,
                     firme,
                              permanente,
                                                  asegurado.
Hoy se cumple un mes
¡van treinta días!
                    y el siglo XXI
             casi está del otro lado.
Hoy se cumple un mes
y
yo
pregunto:
¿qué mas puedo decir en esta hora,
en la eterna soledad que me aprisiona
si la esperanza construida
en el subsuelo
(para niños
mujeres
enfermos
y ancianos)
es el llanto y el clamor
de un pueblo ausente
cuando la parca retumba en el tejado?


Amigos míos:
                   poetas,
             cantores de un verso franco;
qué más puedo rimar sobre la vida
qué más gritar tranquilamente
si el nuevo porvenir
es sangre ardiente,
muerte
destrucción
cantos de guerra,
luto
temor-lágrima-llanto


Qué más puedo escribir de lo sublime
si la noche estrellada de Neruda
con su manto de luceros
se desvanece
                   en esta hora
                            y otro tiempo.
No palpita
¡Muere!
No es una oda a la ternura
por esa maldita lluvia de fuego.
 

Amigos míos:
                        poetas,
amigos míos:
                        bohemios,
no pude compartir esa velada
ni de las cuerdas el arpegio.
Ahora...
           aquí...
                       en este instante,
                                                    pierde sentido mi palabra,
                                                                                 y en sus versos quedo.
 PD.

   “Bagdad, Irak- Un denso humo emana de un edificio residencial en Amerieh...blanco de dos misiles que dejaron un saldo de más de quinientos civiles muertos.”
 
   “Washington...lamentamos sinceramente cualquier daño o muerte causados a la población civil, dijo Dick Cheney”
 

          Hoy es la parca israelí la que retumba una vez más sobre el tejado de hogares palestinos en una de las más encarnizadas ofensivas de invasión militar desatada por el ejército de Israel. Según la información que hemos obtenido a través de Mundo Árabe, los bombardeos continuos e ininterrumpidos durante las veinticuatro horas del día han destruido tanto edificios de la Autoridad Nacional Palestina como escuelas, hogares y hospitales. En los primeros doce (12) días de la invasión el ejército de Israel asesinó a mas de 82 palestinos incluyendo una familia entera compuesta de 9 personas; centenares de civiles han resultado heridos; y cada cinco minutos se lanzan bombas sonoras para aterrorizar a la población. Igual actitud genocida está demostrando en El Líbano donde, desde el comienzo de la invasión, han muerto decenas de civiles y su infraestructura económica, civil y militar, ha sido destruida. En su acción bélica, Israel ha bombardeado vehículos con civiles al sur del Líbano entre los que murieron nueve niños calcinados. En un acto bárbaro e inhumano, el ejército israelí ha cerrado las fronteras de Gaza, aislando a los palestinos del mundo exterior. Todo ello con el apoyo explícito de Estados Unidos quien vetó una resolución de condena a las acciones al Israel en Gaza presentada en la ONU(i). Mientras todo eso ocurre, como pregunta Karim Hauser en un artículo publicado en BBC: “¿Quién defiende a los palestinos?”(ii). De nuestra parte tenemos que preguntarnos: ¿Dónde está la solidaridad?

En esa nueva escalada militar israelí, la desinformación resulta ser parte de la estrategia de guerra. El adagio para el momento parece ser “a menor información menor es la indignación”. En Occidente (los latinoamericanos y caribeños entre ellos) estamos tan acostumbrados a mirar al mundo árabe como una realidad a la distancia que pasamos por alto inclusive que en una de las obras importantísimas para el mundo de la literatura como El Quijote, la xenofobia contra lo árabe y lo islámico está presente en algunos de sus pasajes. De la misma manera en que desde las estructuras ideológicas del poder se intenta borrar la memoria histórica de los pueblos. Palestina es una realidad histórica que nos toca de cerca. Tanto por su significado para la lucha por la justicia, la igualdad y la soberanía de los pueblos como por la importancia de toda la tradición histórica y cultura árabe en la formación de nuestras identidades. En ese sentido, es indispensable aproximarnos el desarrollo de Palestina en su dimensión histórica en momentos en que su pueblo se enfrenta a los intentos de exterminio y sufre en carne propia, no sólo la diáspora, sino la muerte.


        II. Los acuerdos de Oslo, la Autoridad Nacional Palestina y la resistencia islámica

          El triunfo del Movimiento de Resistencia Islámica (HAMAS) en las elecciones parlamentarias celebradas en enero pasado en Palestina puso nuevamente al descubierto el discurso del Occidente expansionista, capitalista e imperial para explicar los procesos históricos y políticos de los países del Medio Oriente y justificar sus estrategias y acciones de agresión. En la mirada e intereses de las grandes potencias, la democracia sólo es posible cuando el resultado de una elección parlamentaria o presidencial responde a los parámetros, nociones y paradigmas definidos por Occidente. Por ello no resultaba extraño las exigencias de Estados Unidos y su coro de voces de naciones europeas para que HAMAS abandonara sus reclamos y métodos de lucha por la construcción del Estado palestino, el no reconocimiento de Israel y la devolución de todos los territorios conquistados, antes de cualquier reconocimiento diplomático o “ayuda exterior” al nuevo gobierno presidido por HAMAS.

          Previo a las elecciones parlamentarias, Estados Unidos, Inglaterra e Israel apostaban, invirtieron y activaron sus mecanismos de inteligencias para que HAMAS no resultara victoriosa. Celebrada las elecciones, los resultados no resultaron satisfactorios a la estrategia estadounidense para el mundo árabe. La victoria alcanzada por HAMAS frente a todos los pronósticos adversos, representaba un escollo más en sus planes hegemónicos. Para los propios palestinos, la victoria de HAMAS representaba una nueva esperanza en la lucha por su soberanía. Ante esa nueva realidad, Israel, Estados Unidos y las naciones europeas trataron de imponer al gobierno de HAMAS la política del chantaje e iniciaron el boicot de la ayuda económica exterior. El objetivo principal de esa estrategia era derrocar al gobierno democráticamente electo. A raíz de la invasión, Israel ha establecido como uno de sus objetivos el secuestrar y asesinar a los principales dirigentes de HAMAS. En una de sus acciones, fuerzas israelíes secuestraron 8 ministros, 21 diputados y otros dirigentes en Cisjordania.(iii)

          Analizado en su contexto histórico-político el triunfo de HAMAS en las elecciones de enero de 2006 tiene que ubicarse en el contexto de los acontecimientos ocurridos en el mundo árabe a partir de la guerra árabe-iraelí de 1967. La derrota árabe de 1967 frente a Israel fue interpretada por la comunidad islámica fundamentalista como un castigo divino por el abandono de la fe y el islám. De igual modo, la continuidad de la ocupación israelí en Cisjordania y la Gaza fue entendida como el recrudecimiento de la amenaza a las identidades árabe y palestina. Después de 1967 la resistencia palestina entró en una nueva fase de lucha armada. En sus años iniciales, amplios sectores del pueblo palestino se mantuvieron al margen de la OLP, pero según se desarrollaron los acontecimientos, su apoyo fue creciendo.(iv) A mediados de 1980 el respaldo a la OLP entró en una fase de reflujo y comenzaron a surgir nuevas organizaciones que retaban su autoridad e incrementaban las acciones contra el Estado de Israel. En la medida en que la OLP perdía sus bases de apoyo en El Líbano y Jordania, se debilitaba su influencia en los territorios ocupados mientras crecía la de los grupos islámicos.

          Los sectores religiosos islamistas en Palestina, al igual que en otros países del mundo árabe construyeron sus propias instituciones a partir de las cuales integraron la enseñanza del islam con la obra de beneficencia, actividades deportivas y educativas y políticas entre otras. Esto les permitió crear una base de apoyo. En 1973 se creó el primer Centro Islámico (Al Mujamma al islán). Surgió como una mezquita y en torno a ella se estableció una clínica, un club deportivo, una escuela de enfermeras, un salón para fiestas, un comité de caridad (Zakat) y un centro para el uso exclusivo de la población femenina. Entre sus fundadores estaban Ahmad Yasin y Abd Al Azis Al Rantisi, portavoz de los 413 palestinos deportados hacia El Líbano y condenado a cinco años y cinco meses de prisión en 1995 bajo la acusación de ser uno de los miembros de HAMAS. A los seis años de fundado el Centro Islámico éste contaba con más de dos mil miembros. En 1978 se creó en Gaza la Universidad Islámica. A raíz de la sublevación palestina (intifada) en diciembre de 1987, sus publicaciones asumieron un discurso de fuerte contenido político y la represión se volcó contra ellas. El establecimiento de mezquitas fue uno de los mayores mecanismos para incrementar la influencia política islámica frente a los sectores nacionalistas y seculares. Según Ziad Abu, el crecimiento del número de mezquitas fue vertiginoso. De unas 400 mezquitas que había en Cisjordania en 1967, para 1977 aumentaron a más de 750. Durante ese mismo periodo, de doscientas mezquitas que existían en la franja de Gaza aumentaron a seiscientas.(vPor otro lado, la presencia de grupos islámicos en los territorios ocupados tenía como objetivo en común el construir una sociedad modelada según lo establecido por el Profeta Mahoma y sus compañeros en el marco de un Estado islámico. (vi)

          Los acontecimientos desarrollados en el mundo árabe en las pasadas décadas tuvieron una influencia decisiva en la configuración del entramado político, militar y religioso palestino. El triunfo de la revolución iraní en 1979 que condujo al establecimiento de la República Islámica de Irán, sirvió de estímulo a las organizaciones islámicas palestinas. Por su parte, la Guerra del Golfo Pérsico de 1991, como resultado de la invasión iraquí al emirato árabe de Kuwait, trastocó las relaciones entre los países árabes y contuvo las aspiraciones de Irak en convertirse en una potencia regional. Finalizada la misma, Estados Unidos se propuso impulsar un nuevo orden en la región que facilitara la paz entre los países y garantizara el abastecimiento de hidrocarburos a los mercados. En ese contexto, trataron de buscarles una solución negociada al conflicto árabe-israelí. A ese momento, aunque el prestigio de la OLP se encontraba debilitado dado su apoyo a Irak con motivo de la Guerra del Golfo, era la organización con autoridad para negociar. Las negociaciones se desarrollaron en líneas diplomáticas simultáneas. Mientras en Camp Davis, Washington, se llevaban a cabo negociaciones para concertar acuerdos de paz entre Palestina e Israel que se firmaron el 13 de septiembre de 1993, simultáneamente se celebraban conversaciones secretas en Oslo, las cuales culminarían en la Declaración de Principios de 1995 y la Hoja de Ruta. Estos acuerdos partían del supuesto de que se alcanzaría a la paz entre Palestina e Israel tras el periodo de autonomía que culminaría en 1999 y daría paso a la creación del Estado palestino en 2005.(vii

          Las bases para las negociaciones de Oslo comenzaron a tomar forma en la Conferencia Internacional de Paz para Oriente Medio celebradas en Madrid en octubre de 1991. En ella participaron Israel y sus vecinos árabes. Los palestinos estuvieron representados por dirigentes de los territorios ocupados, como parte de la delegación Jordana. Como resultado de la Conferencia se establecieron mecanismos para encuentros bilaterales entre Israel y los países árabes vecinos en los que se tratarían controversias específicas con cada país. En un periodo posterior a la Conferencia de Madrid se efectuarían encuentros multilaterales para asuntos del interés de todas las partes como el problema de los refugiados, el agua y otros. En 1992, los laboristas israelíes partidarios de un acercamiento y arreglo con los palestinos, establecen vías secretas de negociación con la OLP. El resultado de esos acercamientos y prenegociaciones se concretaron en los Acuerdos de Oslo a mediados de 1993. En ellos ambas partes se reconocían mutuamente y suscribían un protocolo de entendimiento para el auto gobierno de los palestinos. Se establecía un periodo de transición de cinco años. Como parte de los acuerdos, se crearía un área autónoma y se someterían a discusión gradualmente diferentes aspectos de las controversias entre las partes. A raíz del acuerdo, se creó la Autoridad Nacional Palestina (ANP), con autoridad limitada en áreas geográficas específicas de Gaza, se creó una policía palestina, se permitió el retorno de algunos dirigentes de la OLP. Los asuntos relacionados con los refugiados, los asentamientos judíos en territorios ocupados (colonos), la autoridad sobre Jerusalén y el estado definitivo de Palestina, entre otros se considerarían en una segunda fase de negociación. A los acuerdos de Oslo de 1993 siguieron los entendimientos de Oslo II. En ellos se ampliaron las áreas autónomas en las principales ciudades de Cisjordania.

En enero de 1996 se efectuaron elecciones palestinas en las que Yasser Arafat resultó electo como presidente de la ANP y se constituyó el Consejo Legislativo. Esos acuerdos, aunque fueron acogidos con beneplácito por la comunidad internacional, por amplios sectores de la población palestina en los territorios ocupados y por los israelíes, generaron nuevos conflictos y sus resultados concretos sirvieron de agente catalítico para el renacimiento fundamentalista en Palestina. El significado de los acuerdos de Oslo, al no lograr la consolidación de un Estado nacional independiente, ni mejorar las condiciones de vida de los palestinos contribuyó a la erosión del apoyo a la ANP y fue creciendo la influencia de los grupos y la resistencia islámica. (viii) Uno de los parámetros que se utilizaron para palpar la ascendencia de los sectores fundamentalistas en Palestina fue la reacción al retorno de Yasser Arafat y el sepelio del activista y uno de los dirigentes del HAMAS. Su entierro provocó la manifestación popular considerada más grande que la movilización del pueblo palestino para recibir al Arafat durante su regreso a tierras palestinas. (ix)

Después de Oslo, Israel seguía controlando el 35% de los territorios de Gaza. El desempleo alcanzaba el 60%. De 30 mil palestinos que cruzaban la frontera entre Gaza e Israel antes de 1993, se redujo a cerca de 8 mil palestinos. Se impusieron trabas al transporte de mercancías, y sólo se permitía acarrear productos de consumo. Dada las restricciones y puestos de control impuestas, los pocos camiones autorizados al transporte de mercancías necesitaban de 12 horas para recorrer un tramo no mayor de una milla.(x)

La Paz de Oslo no solucionó los problemas que se pretendían solucionar. Israel continuó fomentando el establecimiento de nuevos asentamientos y la represión de los palestinos. La continuación de esa política expancionista y la lentitud en la implantación de los acuerdos profundizaron las críticas y la oposición a los acuerdos. Ante las protestas y manifestaciones palestinas, Israel intensificó sus medidas de represión. En los territorios palestinos, los grupos de resistencia intensificaron sus ataques contra objetivos israelíes. De igual modo, en Israel los conservadores catalogaron los acuerdos de Oslo como un acto de traición. En noviembre de 1995 asesinaron al primer ministro israelí, Isaac Rabin, y en las elecciones de 1996 los laboristas, fueron derrotados.(xi) Según Gilles Kepel, la firma de los acuerdos de paz entre la OLP e Israel representaba el interés de las elites dirigentes para lograr un “reacomodo” con Occidente y evitar los problemas que ocasionaba el boicot contra Israel. Por medio de los acuerdos, buscaban insertarse en el sistema financiero internacional para encontrar recursos económicos a corto plazo, establecer la paz social y neutralizar los grupos fundamentalistas islámicos en Palestina. (xii)

III. Palestina: un símbolo en tres tiempos, su nombre y su historia

          Para el lector común de nuestros días, Palestina es un nombre asociado con violencia, terrorismo, islamismo, fundamentalismo y muerte. Para otros es sinónimo del “Septiembre Negro” en las Olimpiadas de Munich (1972), fotos de niños enfrentándose a los tanques israelíes, hombres y mujeres encapuchadas portando armas o la bandera palestina, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yaser Arafat y HAMAS. Pero Palestina es mucho más que las nociones mediáticas impuestas por el capitalismo imperialista occidental. Forma parte de la lucha milenaria de los pueblos y naciones por el derecho a su soberanía e independencia nacional. En su afán por ocultar las causas político-sociales del conflicto, desde occidente se ha enfatizado en la manifestación religiosa del mismo como si en el mundo árabe no existiesen contradicciones de clase entre ricos y pobres. Negándole inclusive, tanto a Palestina como al Líbano y otras naciones árabes su derecho a la existencia como naciones libres y soberanas.

          En su manifestación histórica, es la expresión de un conflicto económico, ideológico, político, geográfico y militar entre el Occidente imperialista expansionista y el Oriente invadido y conquistado desde antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1917) o el Acuerdo Sykes-Picot para la división y repartición de la región árabe entre Francia e Inglaterra (1916) y la Declaración de Balfour para hacer de Palestina el “hogar nacional” de los judíos (1917).(xiii)En el contexto del mundo árabe (islámico y no islámico), Palestina es el centro de un conflicto político-militar que se incrementó a partir de la resolución 181 de la ONU de noviembre de 1947, conocida como el “Plan de Partición”, que dividía el territorio y proponía la creación de dos Estados: uno constituido por la población árabe palestina y otro judío. En su extensión territorial actual, ya sean los territorios reclamados por los palestinos y demás naciones árabes, los asentamientos judíos conquistados por Israel a partir de 1967, o los reconocidos por la ONU en de los acuerdos de Oslo de 1993, es el eje de un estado de beligerancia que trasciende sus fronteras, e incide sobre la comunidad internacional y los países árabes vecinos. En sus factores de identidad nacional moderna (cultural, étnica y religiosa), vista desde Occidente, Palestina se entiende como el resultado del proceso de colonización europea sobre el Oriente Medio a partir del siglo XIX y los conflictos surgidos con el mundo árabe con la creación del Estado de Israel. En el contexto expansionista occidental decimonónico se visualizaba como un pablado más de lo que había sido la “Gran Siria” que comprendía los territorios de Suria (Beladosh-Shâm), Jordania, Palestina y el Líbano. Su estrecha asociación con el surgimiento del monoteísmo y las tres religiones de origen común (judaísmo, cristianismo e islamismo), y la ciudad reclamada como símbolo del surgimiento de ellas (Jerusalén), la ha convertido en “universalmente conocida como la Tierra Santa”.

          En términos históricos los países árabes establecen su enlace directo con Palestina a partir de la expansión del Islam y del significado que tiene Jerusalén para su tradición religiosa y cultural. Como parte del proceso de expansión y conquista islámica, las provincias de Siria fueron las primeras en ser conquistadas por los musulmanes. En ese movimiento inicial de expansión islámica Jerusalén se convirtió en el lugar hacia donde miraban los musulmanes durante sus oraciones (quibla) hasta la dinastía Omeya (657-750 d.C.) cuando se reoriento la peregrinación y la quibla de la tradición islámica en dirección de la Meca. Según la tradición, Mahoma fue llevado de la Meca hasta Jerusalén por el Ángel Gabriel. En su ascensión, a través de un halo de luz, lo llevó a Sinaí, Belén, y finalmente a Jerusalén en cuyo lugar entraron por un pasadizo (la puerta de entrada del profeta) y se dirigieron hasta la Roca Sagrada, donde se cree que estaba el centro del templo de Salomón. Llegado allí, se postró como lo hicieron otros profetas y apóstoles y fue ascendido nuevamente para ser llevado ante la presencia de Allah, de quien recibió su palabra e instrucciones de cómo sus fieles deberían hacer las oraciones.(xv) De esa tradición deriva también su nombre la gran mezquita de Jerusalén, Al Masjid al Aksâ (la Mezquita Lejana). Según Le Strange, Mahoma hace alusión al hecho en los versos del Corán (Xvii, I) glorificando a quien lo transportó del Masjid al Haram (la Mezquita de la Meca) a la de Jerusalén.(xvi) La interacción de esos factores: lugar sagrado, tierra de conquista y territorio de consolidación de la dominación árabe, ha hecho de Palestina uno de los lugares más controvertidos y sagrados de la historia.

          Para las naciones del Medio Oriente, Palestina es árabe por más de cuatro siglos a pesar de los grupos humanos o estados que la conquistaron en el devenir de su historia y que “después de haber experimentado la influencia del cristianismo, es musulmana desde el siglo VII”.(xvii) Como contraparte a ese discurso, en el que Palestina se entiende como “un auténtico y definido pueblo árabe”, algunos autores defensores de la causa palestina catalogan lo israelita como anticristo y sionistas ateos.(xviii) De otra parte, en sectores de la opinión pública israelí, Palestina representa la negación del derecho a existir, la “destrucción de Israel” y “el retorno de Mahoma como conquistador”.(xix) Entendida por los países árabes como el lugar que les pertenece por su historia e identidad, no ha dejado de ser un paradigma, en ocasiones aparentemente insoluble. Por otro lado y analizando las posturas de varios países árabes ante la realidad palestina, no significa lo mismo la defensa de Palestina y sus territorios en el contexto del discurso nacionalista del panarabismo antes de 1967, y esa misma defensa en el contexto de las particularidades económicas, políticas y sociales de cada uno de esos estados. Esa dicotomía la describe Edward Said en relación a las dificultades que enfrentan los palestinos refugiados. Según Said, lo que resultaba una ruta de tránsito viable, en la que se podía ir desde el Líbano y Siria hasta Palestina y Egipto sin mayores dificultades, resulta ahora imposible, y las naciones solidarias con los palestinos “son a menudo los que peor los tratan”.(xx)

Como entidad autónoma bajo la administración de la ANP, organizada a partir de los Acuerdos de Oslo Palestina es un pueblo que reclama la independencia plena y la transferencia de los territorios ocupados por Israel entre 1948 y 1976. También es un símbolo en tres tiempos: del panarabismo, de la resistencia árabe ante el Estado de Israel y del fundamentalismo islámico desde mediados de la década de 1970.

          La cotidianidad en el uso de “Palestina” como concepto de identidad, crea la noción de que vocablo ha existido política y geográficamente desde tiempos inmemorables. Al tratar de conceptuar a Palestina, debe establecerse una diferencia entre la “Palestina antigua” y la Palestina de nuestros días. Como concepto para identificar la identidad y espacio geográfico reclamado por el pueblo palestino, éste corresponde al mundo moderno. Su nombre procede de Falastín o Filastin, nombre con el cual comenzó a identificarse la región ubicada en la zona del Mediterráneo Oriental a partir del establecimiento de los filisteos entre el año 1200 y el 1000 a.C. En las descripciones del mundo islámico hechas por geógrafos y escritores árabes durante la Edad Media, Palestina como pueblo o tribu y su gentilicio correspondiente no existe. Se utiliza el vocablo Filastín, Falastín o Filistea. Se consideraba parte de Siria, el cual a su vez fue el nombre dado por los griegos para designar al territorio que circundaba a Sûr o Tyro, y que más tarde se utilizó para toda la provincia. Los territorios que conocemos hoy como Siria, Palestina, Jordania y el Líbano, se extendían desde el “Paso Ciciliano” al norte hasta los desiertos de Egipto e incluyendo la costa del Mar Mediterraneo al oeste y el desierto de Arabia al este. Los árabes designaban esa zona con el nombre de Ash Shâm como marco de referencia al Norte y el Sur de sus dominios. (xxi)De igual modo, según plantea Le Strange, citando al geógrafo árabe Mukaddasi, Siria se denominada con el vocablo Shâm porque se encontraba “como recostada a la izquierda” del territorio.(xxii)

          En términos geográficos, la Palestina antigua estaba localizada en la costa del Mediterráneo Oriental del Oriente Medio. Comprendía una extensión territorial de aproximadamente 27,000 km2 entre Egipto y Siria, y estaba dividida en cinco zonas geográficas: Llanuras de Salón y Filistea, Sefela, la Cordillera Central, el Valle del Jordán y la Meseta Transjordana. Su ubicación geográfica, entre el Nilo y Mesopotamia, le permitió recibir la influencia cultural de diferentes pueblos y civilizaciones, “creando una realidad multiétnica y multiconfesional” que subsiste hasta nuestros días. Dada su historia religiosa, se le considera el lugar fundacional del monoteísmo (cristianismo, judaísmo e islamismo).(xxiii)

          En el siglo noveno de nuestra era, el geógrafo e historiador árabe nacido en Egipto, Yakûbi, conocido como Ibn Wâdhih, indicaba que la población de Filastín estaba integrada por árabes de las tribus de Lakhm, Judhâm, Âmilah, Kindah, Kais y Kinânah.(xxiv) Los geográfos Istakhri (c. 951 d.C.) e Ibn Haukal (c. 978 d.C.) al referirse a los recursos naturales de Palestina destacan la fertilidad de sus tierras, que no necesitaban de irrigación artificial y la consideraban la más fértil de la provincias sirias. Destacan el hecho de que a pesar de su poca extensión territorial tenía alrededor de unas 20 mezquitas para las oraciones de los viernes:

Filastin is the watered by the rains and the dew. Its trees and its ploughed lands do not need artificial irrigation...Filastin is the most fertile of the Syrian provinces... In the province of Filastín, despite its small extent, there are about twenty mosques with pulpits for the Friday prayer. (xxv)

En el siglo XIII Palestina era descrita por Yâkût como “la última provincia de Siria hacia Egipto” con Jerusalén como capital. Entre sus principales pueblos nombraba a Askalân, Ar Ramlah, Ghazzah, Arsûf, Kaisariyyah, Nâbulas, Arîha (Jericho), ´Ammân, Yafah y Bait Jibrin . Sobre la referencia y genealogía de Palestina Yâkût indicaba que según las palabras del Corán, Abraham y Lot fueron llevados “hacia la tierra de salvación que fue bendecida para todo el género humano”. Esa “tierra de salvación” la identifica con Filastin.

Como parte del proceso migratorio antiguo, Palestina comenzó a ser habitada aproximadamente hace unos 50,000 años. En su espacio geográfico se establecieron, las tribus semitas, Para el año 1500 a.C. se establecieron los hebreos, y hacia el 1200 a.C. iniciaron la conquista de Israel, Samaria, Amon, Moab, Jerusalén y Judá (Palestina Central).(xxvi) Dominada por los persas a partir del 539 a.C., y en el año 232 a. C. sería conquistada por Alejandro Magno, pasando a ser una colonia griega. En el año 63 a.C. Pompeyo conquistó Jerusalén y extendió su dominio sobre Filastín instaurando el control romano. Con la presencia romana, y a raíz de una revuelta judía, los hebreos fueron expulsados de Jerusalén por el emperador Adriano.(xxvii) La expulsión de los judíos de Jerusalén, la utilizan los juristas árabes como marco de referencia histórica para indicar que a partir de ese momento se puede considerar a Palestina de nuevo como “una provincia árabe”.(xxviii)

          Durante el periodo de ocupación romana estuvo habitada por judíos, idumeos, etrureos, amonitas y árabes. Bajo la dominación bizantina (330-637 d.C) su población recibió las influencias del cristianismo. Como resultado de la expansión de los árabes y el islamismo, en el año 636 d. C. el segundo califa, Omar, conquistó Jerusalén y ordenó construir la mezquita Al Aqsa (La Lejana). Durante el desarrollo de las Cruzadas para la reconquista de las “Tierras Santas”, Godfrey de Bouillon conquistó Jerusalén en 1099 d.C. A partir de entonces estuvo controlada por los cruzados hasta el año 1187 cuando fue reconquistada por Saladino.(xxix) En 1516 se incorpora al Imperio Otomano y estuvo bajo su dominio hasta principios del siglo XX cuando, tras la derrota de los turcos en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), se creó el Mandato de Palestina y Transjordania en la Conferencia de San Remo (Italia 1920) otorgándose el mismo a Inglaterra. Dicho Mandato incluía el territorio que comprende actualmente Israel, Cisjordania, Jerusalén, la Franja de Gaza, las Alturas de Golán y Jordania. La administración británica de los territorios finaliza en 1948, luego que las Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobara en 1947 el Plan de Partición de Palestina. Dicho Plan dividía el territorio en dos estados: Palestina e Israel. Los judíos y su Movimiento Sionista aceptaron el Plan de Partición mientras que los países árabes lo rechazaron. La inconformidad con la creación de Estado de Israel provocó una guerra entre árabes e israelíes. Finalizada la misma, Cisjordania y el este de Jerusalén quedaron bajo la ocupación de Jordania, Egipto ocupó la Franja de Gaza, e Israel logró conquistar un 26% del territorio adjudicado en la partición a los palestinos y obligando a un alto número de ellos abandonar sus territorios y a refugiarse en otros estados árabes. Los acuerdos de Oslo no resolvieron el reclamo fundamental de los palestinos: la construcción del Estado y su absoluta soberanía nacional. Israel continuó con su política expansionista, asesinando a dirigentes políticos de la resistencia. Su agresión se puso de manifiesto nuevamente a principios del 2000 cuando comenzó la construcción del Muro de Israel a pesar de la condena mundial y cercó y bombardeo los cuarteles generales del gobierno de la Autoridad Nacional Palestina.

IV. La resistencia islámica

         Entre los palestinos, decepcionados con la OLP; ante la imposibilidad los países árabes de hacer realidad la expulsión de Israel; la impunidad ante la comunidad internacional con que el Estado israelí se apropiaba de sus territorios; la política de expulsión de poblaciones enteras para el establecimiento de nuevos asentamientos judíos; la incapacidad de la Autoridad Nacional Palestina para contener las incursiones y ataques del ejército israelí; y el realismo político (aglanah) que llevó a gobiernos árabes a negociar y reconocer la existencia de Israel, fueron algunos de los factores que contribuyeron al crecimiento y fortalecimiento de HAMAS y las organizaciones islámicas en Palestina.(xxx) Analizada desde el interior de su dinámica, como expresión de la identidad religiosa y el fundamentalismo en tanto manifestación de un discurso político, comenzaron a tener espacio frente a las contradicciones de la Organización para la Liberación de Palestina y de la existencia de un estado laico sin poder real representado por la Autoridad Nacional Palestina y los acuerdos de Oslo.

          Unos lo han visto como la continuación de una lucha milenaria por el control de las tierras palestinas que se remonta a la época de los primeros fundadores. Otros la caracterizan como un conflicto eminentemente religioso entre el islamismo y el judaísmo, y otros como parte de la lucha contra el colonialismo europeo que estimuló las migraciones fomentadas por el movimiento sionista hacia Palestina. Rashid Al Ghannouchi, dirigente del movimiento Al Nahda (El Renacimiento), indica que la lucha islámica no es contra el judaísmo, sino contra el sionismo. Al considerar el judaísmo como una de las tres religiones reconocidas por el islám establece que su lucha está dirigida contra el sionismo por ser éste un proyecto colonialista de occidente.(xxxi) Según Al Gannouchi, uno de los conceptos árabes para el accionar político es el aglanah (“realismo“). Éste lo define como la continua vinculación con la realidad (aql ua waqi) que se pretende transformar para que “el trabajo no sea gobernado simplemente por el texto” y se pueda establecer un balance entre lo humano, el texto y la realidad. Ello implica el considerar las condiciones coyunturales al momento de tomar decisiones para la actividad política. En el pensamiento de Gannouchi, la aglanah podría implicar el riesgo del pragmatismo que podría conducir a la “rendición” ya que, al considerarse como factor fundamental las reglas del acontecer político, lleva a muchos dirigentes árabes a aceptar la realidad tal cual la interpretan y a “tratar de salvar lo mínimo antes que perderlo todo” sin considerar la fe. A partir de la relación entre la aglanah y las consideraciones religiosas que establece Gannouchi, éste critica la lógica del pragmatismo de Yasser Arafat y su equipo de especialistas al asumir posiciones políticas sin balancear sus opciones con el “contrapeso de la fe”.(xxxii) En el caso de Gannouchi, a pesar de que se le identifica con el radicalismo fundamentalista, su visión sobre Occidente y Oriente implica una relación de mutuo reconocimiento y no de exclusión:

Los términos Occidente y Oriente son conceptos abstractos que no representan la realidad. Occidente no puede ser sólo realismo, democracia y ciencia, mientras que Oriente no puede ser todo superstición, despotismo y atraso. Aspectos positivos y negativos existen en varios niveles, tanto en Occidente como en Oriente. (xxxiii)

          Uno de los planteamientos con respecto a la resistencia Palestina es el asunto de la expulsión de Israel del territorio Palestino. Según Ziad Abu Amr, “expulsar a Israel de Palestina es imposible” en la medida en que Siria y Jordania concreten tratados de paz con Israel. Siria es una base de apoyo logístico para Hamas, y en Jordania tiene una fuerte base de apoyo y “se verá muy presionado para no continuar con ésta táctica (acciones suicidas), si ésta tiene como objetivo sabotear el proceso de paz.”(xxxiv) Esa visión ha obligado al reconocimiento de que la existencia de Israel es un hecho irreversible. Al analizar los acuerdos de Oslo, Edward Saíd expone su convencimiento de que, no solo es irreversible la expulsión de Israel de territorio árabe, sino la imposibilidad de recuperar los territorios palestinos perdidos en 1948. Ante esa realidad entiende que el único camino a alcanzar es una solución “intermedia” de carácter político e histórico que preserve la integridad palestina reconozca, la historia y el significado de la lucha del pueblo palestino.(xxxv) A esa noción sobre el futuro de la resistencia Palestina, se contrapone la que se resiste a la existencia de Israel:

...toda Palestina es tierra islámica...Israel no tiene derecho a existir...nadie tiene derecho a ceder ninguna parte de Palestina y que cualquier arreglo político que deje a Israel intacta es una traición. (xxxvi)

          Es probable que en el ámbito de político académico se continúe la discusión acerca del derecho o no derecho de Israel a existir. En ese aspecto, en las condiciones actuales en que el poder de las armas de destrucción masiva determinan quien detente e impone el poder, lo expresado por Edward Said parece ser la opción más realista. Pero mientras ese debate continúa resulta perentorio reconocer el derecho del pueblo palestino a la lucha por su independencia y la construcción de un Estado nacional, así como a exigir el retiro del ejército israelí de la franja de Gaza, el cese de los bombardeos y su derecho a vivir en paz.

V. Un apéndice poético

          Los poetas tienen la noble virtud y capacidad de sintetizar en la más sencilla y expresiva imagen poética lo que a los historiadores le toma cuartillas y notas al calce. Palestina es también poesía construida al fragor del sufrimiento, la resistencia y el combate. He aquí un ejemplo. Se trata del poema Qibya “Del poemario Tammuz fi l madina (Adonis en la ciudad),”del poeta Yabra Ibrahim Yabra (1926-1994) y traducido del árabe por María Luisa Prieto. Qibya está inspirado en la masacre realizada por tropas israelía al mando de Ariel Sharon el 14 de octubre de 1953 en el poblado palestino con el mismo nombre ubicado en Cisjordania.

QIBYA

Balas
en la noche de luna llena
surcaron las colinas y los caminos.
Balas
chocaron contra los muros
y golpearon las puertas y las ventanas.
Iban dirigidas a los corazones y a las entrañas.
Balas
por detrás de las piedras,
a través de los desfiladeros,
por detrás de los sacos de arena.
Balas.
Se esparcen por las piedras arrayanes de sangre
y se pegan adornos de sangre en las paredes.
Balas
y gelignita
arrojan los cuerpos a las hienas.
Sembramos el trigo pero no lo recogimos,
regamos las vides pero no bebimos el vino.
En vano se bañó nuestra noche con la fragancia de los naranjos.
Nuestra sangre corre por la tierra roja
y sobre las piedras.
Buscad nuestras manos bajo los ejércitos de hormigas.
Cerrad las puertas,
apartaos de las ventanas,
ocultaos de la luna,
protegeos de la noche.
Pero las puertas son de madera
y las ventanas no se construyen para evitar
el aire, la luna,
la gelignita
y los colmillos de las hienas.
El corazón es de hierro pero
para las balas, la gelignita y los colmillos
es más débil que la madera.
Los brazos de Fátima rodean el cuerpo de Hasan:
una alberca de sangre,
y del padre de Hasan no queda
más que el qunbaz hecho jirones.
Buscadlos bajo las piedras
y juntad los brazos a los cuerpos.
Sembramos el trigo pero no lo recogimos,
regamos las vides pero no bebimos el vino.
En vano se bañó nuestra noche en la fragancia de los naranjos.
Nuestra sangre fluye por la tierra roja
y sobre las piedras.
Buscad nuestras manos bajo los ejércitos de hormigas.
Balas
golpean las piedras.
Gelignita.
La noche se desgarra
entre nuestros olivos y viñas.

 
 

ii Véase: Karim Hauser, “¿Quién defiende a los palestinos?”, en BBC Mundo, Medio Oriente, http://news.bbc.co.

iii Sergio Yahni, “El ejército de Israel derroca al Gobierno palestinos”, en Mundoárabe.org, 30 de junio de 2006.

iv La Organización para la Liberación de Palestina fue fundada en 1964 y una década después (1974) había sido reconocida por la ONU como él legítimo representante de los palestinos. En 1982, aunque sus cuarteles generales habían sido retirados del Líbano, su participación en la Cumbre de la Liga Árabe en Marruecos, donde hubo un virtual reconocimiento a la existencia de Israel, le brindaba el espacio diplomática para establecer acuerdos. Véase Edward W. Said, Palestina: paz sin territorios, traducción de Javier Barreda y Francisco Rodríguez, (Tafalla, Nafarroa, sic.) Editorial Txalaparta, 1997. Abdalla, Frangi, The PLO and Palestine, translated by Paul Knight, London, Zed Books Ltd., 1983.

v “Entrevista a Ziad Abu Amr”, en Pedro, Brieger, ¿Guerra Santa o lucha política? Entrevistas y debate sobre el islam, Buenos Aires, Editorial Biblos, 1996, pp. 226-227. La intifada permitió a los grupos islámicos en los territorios ocupados transformarse en una fuerza política importante y disputarle el liderato a la OLP que lo había mantenido desde su fundación. Cf.: John L., Esposito, Guerras profanas. Terror en nombre del islam, Barcelona, Ediciones Paidós, 2003, p 125, Gilles Kepel, La yihad. Expansión y declive del islamismo, traducción de Marga de la Torre, Barcelona, Ediciones península, 2001, pp. 514-527.

vi El primer grupo palestino fue creado en Jerusalén en 1945 y su mayor popularidad la obtuvo en la franja de Gaza por su participación en la guerra Palestina de 1948, véase “Entrevista Ziad Abu Amr”, en Brieger, op. cit., p. 224.

vii El negociador principal de los acuerdos de Oslo, Mahmud Abbás (Abu Mazén) quien había negoció el Plan Baker de 1991 tras la Guerra del Golfo, fue uno de los fundadores del movimiento guerrillero Al-Fatah en 1964 como brazo armado de la OLP. En 1978 asumió el liderato de la tendencia conservadora del movimiento., y obtuvo la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina tras la muerte de Yaser Arafat. Véase: “Abu Mazen, un negociador nato impulsor de los acuerdos de Oslo”, en: http://actualidad.terra.es

viii Isaías Barreñada, “Las raíces del conflicto palestino”, véase Palestina en castellano, http://www.nodo50.org , tomado de Nación Árabe, no. 37, otoño de 1998

ix Pedro Brieger, op. cit., p. 43.

x Edward W. Said, Palestina: paz sin territorios, traducción de Javier Barreda y Francisco Rodríguez, (Tafalla, Nafarroa, sic.) Editorial Txalaparta, 1997, Op. Cit., pp. 26-27. Los datos citados por Said fueron tomados de un artículo publicado por Sara Roy en el Christian Science Monitor, el 12 de abril de 1995.

xi Isaías Barreñada, op. cit.

xii “Entrevista a Gilles Kepel”, en Brieger, op. cit., p. 162-163.

xiii En el contexto de la Declaración de Balfour es pertinente indicar que a esa fecha la población de Palestina estaba constituida por 700 mil habitantes de los cuales 574 mil profesaban el islamismo, 74 mil eran cristianos y 56 mil judíos. Véase: “Breve historia de Palestina, cronología de la historia de Palestina”, en: mundoarabe.org, junio de 2005.

xiv Guy Le Strange, Palestine Under the Moslems. A descripción of Syria and the Holy land From A.D. 650 to 1500, translated From the Works of the Medieval Arab Geographers by Guy Le Strange, with a new introducción by Walid Khalidy, Lebanon, Beirut, Khayats Booseller and Publishers, 1965, p. 14. La edición original del libro fue impresa en 1890.

xv Ibid., pp. 89-90.

xvi Ibid., p. 89. El autor indica que el término mezquita denotaba en sus orígenes el área que comprendía un santuario y no al edificio principal del lugar como se entiende en nuestros días.

xvii Coloquio de Juristas Árabes sobre Palestina, Los Palestinos y sus derechos, traducción de Rodolfo Aráoz Alfaro, España, Editorial Fundamentos, 1978, pp. 24 y 25. Con motivo de la agresión israelí del 5 de junio de 1967, se celebró en Argelia, durante los días 22 al 27 de julio del mismo año, el Coloquio de Juristas Árabes sobre Palestina. Lo expuesto en al mismo, nos permite reconstruir la noción sobre lo árabe y lo judío desde la óptica árabe.

xviii Ayed S., Zatar, Palestina en el coliseo del mundo, República Dominicana, Editora Alfa y Omega, 1985, pp. 17 y 19.

xix Interpretación del sermón (jutba) ofrecido por Ibrahim Mudyris a través de un canal de televisión de la Autoridad Nacional Palestina el 4 de febrero de 2005. Véase “La meta es la destrucción de Israel”, en: http://es-israel.org 

xx Edward W. Said, Cultura e imperialismo, Traducción de Nora Catelli, Barcelona, Editorial Anagrama, 2001, p. 460.

xxi Guy Le Strange, Op. Cit.

xxii Ibid. Le Strange indica que Shâm se refería a unas “marcas preciosas a las que llamaban Shâmat” que encontraban los que peregrinaban en dirección al norte. p. 15.

xxiii Isaías Barreñada, Op. Cit.

xxiv Guy Le Strange, Op. Cit., p. 28.

xxv Ibid.

xxvi Según la tradición bíblica, las tribus hebreas fueron unificadas por Saúl (c. 1020-1000 a. C.) y llegó a su máxima expansión bajo el reino de David (1000-961 a.C.) En el año 926 a. C. el pueblo hebreo se dividió en los reinos de Israel (al norte) y Judá (al sur). Véase: Diccionario Popular de la Biblia, compilado por Juan Rojas, Miami-Florida, 1971, p. 125 y p. 181.

xxvii Ibid, p. 25. A raíz de la revuelta judía, Adriano ordenó la destrucción de Jerusalén y se construyó sobre sus ruinas la ciudad Aelia Capitolina, prohibiendo además que los judíos entrasen o vivieran en ella. Véase.: Gran diccionario enciclopédico ilustrado, Barcelona, España, Editorial Grijalbo-Mondadori, p. 1267, y http://es.wikipedia.org/wiki/Palestina.

xxviii Ibid., p. 25.

xxix Guy Le Strange, Op. Cit., pp. XIX-XII. Saladino (Salah al-Din Yusuf: Takrit 1138 d.C. (Irak) - 1193 d.C. (Damasco), Sultán de Egipto (1171-1193) y de Siria (1174-1193). Su prestigio y reverencia en el mundo árabe obedece a su capacidad para lograr la unificación de los estados islámicos de Oriente, la reconquista de Jerusalén, el haber contenido el avance de la Tercera Cruzada (1199 d.C.) lo que le permitió firmar un tratado de con paz Ricardo Corazón de León, de Inglaterra, el cual dejaba a Palestina y Jerusalén en poder de los musulmanes, y su ejemplo para la yihad contra los infieles. Cf.: “Saladino” en: http://www.biografías.com. Ibrahim Kalin, “Roots of Misconception: Euro-American Perceptions of Islam Before and After September 11”, en: Joseph, E. B.Lumbard, ed. Islam, Fundamentalism, and the Betrayal of Tradition: Essays by Western muslim Scholars, Canada, World Wisdom, Inc., 2004, p. 143.

xxx En marzo de 1982 ocurrió la primera huelga general de palestinos en Israel a la que se unieron árabes nacidos en Israel. Los países árabes, excepto Egipto y el sector cristiano del Líbano, se seolidarizaron con la huelga. El llamado lo había efectuado el rey Jaled de Arabia Saudí. Como reacción, Israel decidió tomar represalias. Ordenó un ataque por tierra, mar y aire contra el Líbano. Uno de los objetivos de Israel era eliminar los campamentos de refugiados palestinos y eliminar los campos de entrenamiento de la OLP. Como resultado del conflicto, se firmaron los acuerdos de la Cumbre Árabe de Fez en Marruecos celebrada en septiembre del mismo año. La Conferencia de Fez representaba un reconocimiento de Israel por parte de la Liga Árabe. Cf. “Los conflictos continúan”, en: http://galeon.hispavista.com/historiade israel/conflictos .

xxxi Pedro Brieger, “Entrevista a Rashid Al Ghannouchi”, en op. cit., pp. 67-68. Gannouchi, siendo profesor de filosofía y militante islámico tunecino, fue expulsado de Túnez en 1989. Luego de ofrecer una conferencia en la Universidad de Córdova en 1995 sobre el islám y la modernidad, fue expulsado de España y el House Republican Study Commitee on Terrorism lo identificó como parte de la “internacional islámica del terror” junto a Hasan Al Turabi (Sudán), Abbasi Madani del Frente Islámico de Salvación (Argelia) y Omar Abd Al Rahman de Egipto a quienes acusaron de ser los responsables del atentado contra las Torres Gemelas en 1994. Cf. P. 59.

xxxii Ibid., p. 73.

xxxiii Ibid., p. 74

xxxiv “Entrevista Ziad Abu Amr”, en Bierger, Op. Cit., p. 224.

xxxv Edward W. Said, Palestina: paz sin territorios…, Op. Cit., p. 29.

xxxvi “Entrevista a Ziad Abu Amr”, en Brieger, Op. Cit., pp. 226-227.

 

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