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Cerro Maravilla:
el cerro ensangrentado

Arnaldo Darío Rosado

Carlos Soto Arriví

1959-1978

 

 
 
 
LA VERSION OFICIAL
 
   El 25 de julio de 1978,  el entonces Gobernador y siempre nefasto personaje de la política puertorriqueña, Carlos Romero Barceló, se dirigía al público presente - así como al televidente ya que el evento se transmitía por WIPR - desde la tarima construida para la celebración de los actos oficiales  del día de la Constitución de Puerto Rico. Era ya pasada la hora del mediodía.
 
   Luego de unos extraños movimientos entre los invitados sentados detrás del orador, Romero interrumpió su discurso para notificarle al país sobre un ataque en el Cerro Maravilla por un grupo terrorista, cuyo propósito era volar las torres de las antenas de la televisora Rikavisión allí ubicadas. El grupo estaba integrado por subversivos independentistas. De inmediato notificó que el atentado había sido frustrado por cinco policías que dieron muerte a dos jóvenes terroristas. Romero informó que los agentes policiacos habían resultado ilesos y los proclamo héroes ante las cámaras de WIPR.
 
   Al día siguiente, las portadas de los periódicos daban la noticia de los hechos. En la del extinto periódico EL MUNDO aparecía Romero Barceló en el podio, con los ojos desorbitados y brotados, con la cara de guayo inflada y con su sonrisa sarcástica esplayada entre el mentón y la nariz, y con las manos extendidas cual profeta bíblico; sobre la foto, en letras casi tan grandes como las de PONCE, se leía: HEROES. En el cintillo inferior se indicaba que el Gobernador había proclamdo héroes a los agentes participantes del operativo. Además de los periódicos las radioemisoras publican la versión oficial de los sucesos que era la siguiente:
 
   Una confidencia de un posible ataque terrorista a las mencionadas torres de WRIK-TV el 25 de julio movilizó a la Unidad de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico que asignó a 5 agentes la peligrosa misión de proteger la propiedad a ser atacada. Estos agentes fueron: José Ríos Polanco, William Colón Berríos, Luis Reverón Martínez, Juan Bruno Morales y Rafael Torres Marrero.
  
   Los cinco agentes estaban apostados escondidos en la maleza frente a la planta de Rikavisión. Cuando los tres jóvenes se bajaron del carro que habían secuestrado en Ponce (con el chofer y todo), William Colón dió el alto y se identificó como policía; Soto Arriví contestó con un disparo, tirándose los agentes al suelo y contestando con múltiples disparos que ocasionaron la muerte de Darío Rosado; resultando heridos Soto Arriví y el agente encubierto, quienes fueron conducidos al hospital, llegando muerto el primero. El agente encubierto que había dado la confidencia y que había acompañado al grupo hasta el Cerro para no levantar sospechas sobre su persona resultó herido en el dedo meñique.
 
   Y colorín, colorado... este cuento se ha acabado.... O así pensaron ellos, luego de su relato de los hechos y el respaldo contundente recibido por el Gobernador, aún antes de haberse enterado de los detalles... supuestamente.
 
   Pero, no...  El cuento no era el que contaron, ni comenzó como lo contaron... el cuento que contaron era una gran mentira que desde el momento en que se contó comenzó a enredar a los mentirosos.
 
 
SOLAMENTE UN DETALLITO
  
   Porque allá, en las alturas ensangrentadas, el día de los sucesos se les escapó un detallito a los asesinos gatilleros del gobierno cuando dejaron vivos a tres testigos presenciales: don Julio Ortíz Molina, chofer de carro público; Miguel Marte, técnico de Rikavisión; y al oficial Jesús Quiñonez Quiñonez, que se encontraba en la torre de la Policía haciendo su turno de vigilancia, como de costumbre.
 
   El más importante de estos fue don Julio quien, desde la mañana del día siguiente comenzó a refutar a la policía en los medios. Los jóvenes habían salido ilesos en la primera ráfaga de tiros y se habían rendido, decía, no los mataron como dijeron en la versión oficial. El fue trasladado del lugar, insistía, ya que los dos jóvenes le habían indicado a la jauría policíaca que él no tenía nada que ver con aquello. Así que se encontraba en los terrenos de las antenas de la policía junto al oficial Quiñonez Quiñonez cuando se oyó la segunda ráfaga de disparos, juraba el humilde ponceño cuya vida fue una pesadilla desde ese día. Miguel Marte se encontraba en la caseta de las torres de Rikavisión. Y mientras los otros dos permanecieron callados, por miedo o por coacción, Don Julio siguió acusando a los policías de asesinato y no sólo insistió en su versión de las dos ráfagas, sino que indicaba que en el área se encontraban mas de diez oficiales de la policía y no los cinco alegados en la versión oficial.
 
   A raíz de las acusaciones de don Julio, el gobierno comenzó una investigación sobre los mismos. El fiscal a cargo del caso desde un principio, Pedro Colton estubo a cargo de asignar los fiscales investigadores. La versión oficial prevaleció en esa y todas las investigaciones originadas por el Gobierno.
 
   En el 1980 el partido popular ganó el Senado y entre sus planes se encontraba una investigación de los hechos ocurridos en Maravilla. En el 1983 - y a hasta el 1984 - se dieron las Vistas telivisadas en torno a la investigación senatorial de los sucesos conducida por el licenciado Héctor Rivera Cruz. Ante los ojos de todo un pueblo que practicamente detenía su ritmo de vida   en cuanto comenzaban las trasmisiones se puso al descubierto la verdad y se desenmascaró al gobierno en su intento de encubrir un entrampamiento policíaco de dos jóvenes inducidos por un agitador a llevar a cabo un acto terrorista que culminaría en su linchamiento para darle un "escarmiento" a los independentistas y promover la estadidad para Puerto Rico. A todas luces, el encubrimiento se originó en las altas esferas... y hablamos, sin titubeo alguno, que el encubrimiento fue ordenado por Romero por la única y sencilla razón de que fue en la misma Fortaleza que se tomó la decisión de "escarmentar" a los independentistas y criminalizar la lucha por la independencia... y de que el morador de ella estaba (y está) metido hasta el soco del medio en la planificación de los asesinatos.
 
 
LO QUE OCURRIO EN REALIDAD
 
   Como ya señalamos, las Vistas Senatoriales pusieron al descubierto la falsedad de la versión oficial. En ellas se expuso la realidad de lo ocurrido en el Cerro y el posterior encubrimiento, además de darnos los antecedentes de los sucesos: una clara planificación en las altas esferas de la policía de Puerto, autorizada, si no propulsada, por La Fortaleza... es decir, Carlos Romero Barceló.

   Carlos Romero Barceló llegó a la Gobernación de Puerto Rico en 1976. Un fanático asimilista y despreciable elemento, con una mentalidad troglodita, tan primitiva como la de José Aponte Hernández. Romero es el maestro del fascismo anexionista que tan bién han aprendido sus alumnos pene... pés, vociferantes incitadores de actos violentos contra sus detractores, con la diferencia de que el maestro sí persiguió con todos los hierros a los independentistas e hizo que llegara la sangre al río
.

   Junto a su consuegro el ahora juez federal Héctor Laffitte*, el despreciable exsuperintendente de la Policía y director de la División de Inteligencia de la Policía Desiderio Cartagena, el publicista y asesor personal suyo Pedro " Satanás" Rivera Casiano y otro grupo de allegados personales redactaron un Manual Antiterrorista debido a una ola de actos terroristas perpetrados por grupos armados** supuestamente creados por subversivos independentistas. Y comunistas, claro está. Pero resulta que esos actos terroristas  fueron llevados a cabo por dos grupos infiltrados por el agente encubierto de la Policía de Puerto Rico Alejandro "El Fraile" González Malavé cuyo creador pudo ser él mismo.
 
   Ese individuo ingresó a la policía el 9 de marzo de 1977 luego de 4 años como confidente (es decir, 'chota") de la Policía. Su ingreso lo hizo en carácter de infiltrado en los dos grupos ya mencionados pero resulta ser que más que infiltrado, era líder de las mismas o protagonista. En la colocación de una bomba  el 30 de abril de 1978, la misma se confeccionó en su presencia... en su casa. ¡Ah, y la transportaron en su carro que el mismo condujo, un Volky 1971, tablilla 12F876! En otra ocasión, el 15 de enero de 1978, que fueron a tirarles cadenas a unas líneas de la entonces Autoridad de Fuentes Fluviales se trasladaron de la misma manera, pero con tablillas  robadas. El 4 de julio de 1978 asaltaron, con armas de fuego, el cuartel de la Guardia Universitaria de la UPR. Se llevaron unos walkie talkies. González Malavé, además de haber provisto la transportación, tuvo parte activa en el asalto. Lo mismo ocurrió en un tiroteo perpetrado contra la residencia de Luis Muñoz Marín en Trujillo Alto.

   A pesar de que tenían suficiente prueba para arrestar a los miembros de las "grupos armadas" que participaron en estos actos y quemar al agente encubierto, antes de que se embarcaran en la "misión" en Maravilla, el fiscal Pedro Colton, se opuso. La negativa de Colton "propicio para que la División de Inteligencia... mantuviese a dicho agente encubierto en la planificación de gestiones constitutivas de delito; comportándose más bien como un incitador delictivoque como un agente encubierto dirigido a la persecución de ese tipo de actividad."

   González Malavé y los integrantes del grupo Movimiento Armado de Liberación, Darío Rosado, Carlos Soto Arriví y Rosado Ruiz discutieron sobre el asalto a las torres para lanzar unos comunicados. Desde ese día, gracias a la comunicación que mantenían con el encubierto a través del agente Carmelo Ruiz, la División de Inteligencia se mantuvo al tanto del plan y su elaboración. González Malavé y Rosado Ruiz posteriormente dijeron que la reunión se celebró el 21 de julio del 1978 en casa de Arnaldo Darío Rosado. Curiosamente ya el 20 de julio, el fotógrafo de la infame división policiaca, acompañado por el teniente Quiles, fotografió el área del futuro atentado.

   EL infame Comandante Angel Luis Pérez Casillas tuvo a su cargo la organizacirn de un operativo policíaco de alrededor de 20 agentes para emboscar a los jóvenes en las alturas de nuestra cordillera. Como en las otras actividades, serían conducidos hasta allí por le agente encubierto. Esperaban el ataque el 24 de julio por lo cual en dicha fecha los agentes se apostaron en varios puntos del área. Cuando la fecha fue pospuesta para el día siguiente algunos agentes regresaron a San Juan y otros pernoctaron hasta el otro día.

   En la última comunicación con González Malavé entre las 2:00 y 2:30 AM del 25 de julio de 1978 frente a las antiguas tiendas de Sear's el teniente Jaime Quiles y el agente Carmelo Cruz le impartieron las instrucciones de llevar a cabo el acto terrorista según establecido. Ya sabían que se tomaría un rehén, preferiblemente porteador público, para trasladarse a las torres.

   Carmelo Cruz y el Agente Antonio Mendez se mantuvieron vigilando a los jóvenes (menos Rosado Ruiz, que desistió de acompañarles) desde que llegaron a eso de las 8:00AM del 25 al portón de la Universidad de Puerto Rico, desde donde caminaron hasta la plaza de Río Piedras para tomar un carro público hasta Ponce, luego de haber perdido una guagua de la Liga Socialista que, en el trayecto hacia Guánica, les dejaría en Ponce. Los dos agentes, en un Ford Granada, les siguieron todo el tiempo. Mientras a Ponce llegaban en vuelos diferentes el Comandante Pérez Casillas y el Teniente Quiles: luego el sargento José Montañez y el agente Nelson González, de la División de Inteligencia. En Mercedita le esperaban los agentes Nazario Mateo Espada y Miguel Cartagena Flores, de la División en Ponce. En dos carros distintos llegaron a Maravilla a la torre de la policía, distante unos 600 metros de las de Rikavisión. Allí estaba el policía Jesús Quiñonez, ajeno al operativo, cumpliendo sus funciones de vigilancia. Allí se encontraban los agentes asignados al operativo, vestidos de civiles y portando armas largas y chalecos a prueba de balas: Rafael Moreno Morales, Montañez Ortiz, William Colón Berríos y Juan Bruno González. Algunos pertenecían a la división de arrestos especiales de Julio César Andrades. Los agentes José Ríos Polanco y Rafael Torres Marrero, portando armas largas, se encontraban dentro de las estructuras de Rikavisión, acompañando al ténico de WRIK Miguel Marte Ruiz, quien se había convertido practicamente en un rehén de los agentes bajo la excusa de que ellos estaban allí para protegerlo. Los agentes que se habían encontrado en la torre de la policía llegaron al área de la emboscada.

Abajo, en Ponce, los jóvenes se bajaron del carro público que los había traído. Luego de caminar un tramo a pie, le hicieron señales a un vehículo para que se detuviese. era Don Julio Ortiz Molina... y eran cerca de las 11:00 AM. Los jóvenes encañonaron al chofer. Carlos Soto Arriví se montó en el asiento de atrás. Arnaldo Rosado se subió al lado del pasajero y González Malavé, encañonó a don Julio y lo empujó hacia el centro del asiento delantero, entonces tomó el volante para nuevamente conducir a los jóvenes al lugar de la fechoría. Esta vez les esperaba un pelotón de fusilamiento.
 
   Y aunque el delito de secuestro lo presenciaron Carmelo Cruz y Antonio Méndez, nada hicieron al respecto... ni el más mínimo intento de arresto. Tan sólo siguieron el carro secuestrado. Ya la suerte de Carlos y Arnaldo estaba echada... tenían que llegar al patíbulo: en Maravilla correría sangre de mártires que los victimarios intentarían hacer pasar como criminales.
 
   Antes de la llegada ya los agentes estaban apostados en diferentes lugares dentro de las facilidades y fuera de la estructura. Cuando el carro llegó entró en reversa hacia las torres. Cuando se detuvo se bajaron Arnaldo y Carlos por el lado derecho, y "El Fraile" por la puerta del chófer. Se dirigieron a la parte posterior del auto. A una distancia de 60 pies, Montañez, que venía seguido de sus hombres, dió el alto indicándo a su vez que era la policía. Cuando Ortiz Molina vio a la jauría que portaba armas largas se agachó debajo del panel de instrumentos para protegerse. Y comenzaron los disparos.
 
   Los agentes se tiraron al piso para hacerlos***. "El Fraile" resultó herido en un dedo. Mientras que Rosado y Soto se ocultaron entre la maleza desde donde lanzaron sus armas al aire y se rindieron cuando los agentes les apuntaban desde el descampado. Los dos jóvenes entrampados, habían salido ilesos del tiroteo.
 
   Montañez fue y sacó a don Julio del carro. Fue entonces cuando uno de los jóvenes exclamó: "el señor es inocente, por favor, no le hagan daño al señor, no tiene nada que ver".
 
   Entonces aparece la nefasta figura de Angel Luis Pérez Casillas que se había mantenido en la torre de la policía. Llegó a donde estaban los jóvenes y esposó a Carlos Soto Arriví con las manos en la espalda. Los agentes presentes agredían a los dos jóvenes golpeándole con las manos, con las armas y les daban patadas. Esto lo hacían mientras Arnaldo yacía en el pavimento y Soto Arriví estaba esposado y arrodillado.**** 
   
   Luego, mientras González Malavé era trasladado al hospital de Jayuya por Quiles, Ortiz Molina fue conducido a la antena de la Policía por Cartagena Flores*****. Cartagena Flores entendió que lo que allí ocurría era ilegal y se estaba saliendo fuera de control y que sólo podría controlarlo Pérez Casillas, que había bajado del área de Rikavisión y a cuyo encuentro fue para pedirle que no le incluyera en el informe su presencia en el lugar. Pero cuando recordó que el día anterior este le había dicho de que a las personas que esperaban "había que darle un tirito", supo que el crimen estaba decidido... los asesinatos inevitables.
 
   Mientras esto ocurría se oyó la segunda ráfaga de cinco disparos. Y el Cerro Maravilla era testigo del crimen. 
 
   Cinco disparos lentos, dicen los que oyeron la ráfaga.
 
   De un escopetazo en el centro del pecho asesinaron a Arnaldo Darío Rosado.
 
   A Carlos Soto Arriví  lo mataron poco a poco.  Cuatro disparos espaciados de un revolver Magnum 357 en distintas partes del cuerpo: en las rodillas, en el codo y por último el mortal en el pecho, a pesar de que al ver la muerte segura el joven valiente le pidió al asesino cobarde que le diera un tiro en la cabeza para evitar sufrimiento, cosa que el cobarde no hizo.
 
   Y aún después de muertos, en el piso, profanaron sus cadaveres a patadas y escupitajos... y hasta se les orinaron encima... ¡los valientes! ¡los enviados de Fortaleza! ¡los héroes de Romero!
 
   ¡NO... no fue como dijeron! ¡Fue como fue! A pesar de su vil encubrimiento. Y a pesar de que los forjadores del entrampamiento, los autores intelectuales de los  asesinatos, aún están libres.
 
 
* Este infame individuo fue abogado de los policías de Maravilla hasta que se le nominó para la judicatura federal, cuando quiso desligarse de estos, lo que no creemos era necesario ya que el FBI fue cómplice, en mayor o menor grado, en la masacre del Cerro.
 
** Estos grupos eran las Fuerzas Ant-Imperialistas, compuesto por John Edward Sxanders, Leoncio figueroa y William o Guillermo Segarra Rivera, y el Movimiento Revolucionario Armado, por Arnaldo darío Rosado, Carlos Soto Arriví, Ramón Rosado Ruiz y Enrique Escalona.
 
*** "El Fraile" disparó su pistola cuatro veces antes de identificarse como policía.
 
**** Entre la escoria de cobardes se encontraban: William Colón Berríos, Juan Bruno González, Rafael Torres Marrero, Antonio Méndez, Luis Reverón Martínez, Rafael Moreno Morales, José R. Montañez Ortiz, José Ríos Polanco, Carmelo Cruz, Angel Luis Pérez Casillas, Nelson González Pérez, Jaime Quiles y Miguel Cartagena Flores
 
***** Cuando llegaron a la torre Cartagena le indicó a Quiñonez que se mantuviera callado y le informó que había un policía herido y dos personas muertas a lo que don Julio le contradijo diciendo que los jóvenes estaban vivos y mencionando las patadas que la policía le daba a esos "muchachos". Ortiz Molina también mencionó haber visto a uno de los agentes cuando golpeó a uno de los jóvenes diciéndole: "¡Hijo de la gran puta, ¿tú no querías matar a un guardia?, mátalo ahora."
 

Información tomada de la OPINION DEL TRIBUNAL EMITIDA POR EL JUEZ ASOCIADO NEGRON GARCIA el 21 de Febrero del 1991 en torno a la CONDUCTA PROFESIONAL de los Fiscales Pedro Colton Fontán, Osvaldo Villanueva Díaz, Aurelio Miró Carrión, Angel Figueroa Vivas y Juan E. Brunet Justiniano, todos relacionados con el encubrimiento de los sucesos del Cerro Maravilla.
 
Artículos periodísticos de don Salvador Tió Montes de Oca
Nuestro más profundo agradecimiento a Elsa Tió por autorizarnos el uso de este material, de la grabación y de sus poemas
 

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de Oca
 
 

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