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A Julio Ortiz Molina (en vistas televisadas del Cerro Maravilla)
Envejeció tu corazón en cinco años, de golpe se detuvo la tarde en tu memoria luego de la masacre y de la trampa. !Nada te ha sucedido desde entonces!
El pueblo conoció por tu palabra qué sucedió en el cerro y en tu alma. Vulnerable a esa escena terrible , innecesaria, que todos escuchamos en ráfagas de espanto y cobardía clamas por la justicia, sin ella tú y el pueblo no pueden ser los mismos.
Es clara la inocencia de tu dolor continuo, y el espectro del mal que conociste.
Te hacen más solitario y más sufrido
llorar y estremecerse ante la muerte ajena.
La arrodillada súplica por tí, que no por ellos, te hace más fuerte, te hace más temido.
Temen tu sencillez sensible y trasparente, la fuerza de tu Dios al final del camino.
En tus palabras , en todo ese recuerdo lastimado en tu espíritu, los llamas los muchachos, no criminales , ladrones o asaltantes. En tu alma de campo son solo los muchachos.
Así ,sin proponértelo, juzgaste su inocencia y la venganza inútil del rencor y del odio |