30 de septiembre de 2005        Elver Dugo Taims          San Juan, Puerto Rico
 
Desde Argentina
UN PADRE NUESTRO LATINOAMERICANO
   Hermanos del pueblo Boricua:
   Desde Argentina les envío mis condolencias por la muerte de su luchador, el trompetista Filiberto. Muera la muerte dijo Sabina en alivio de luto, yo podría humildemente agregar, Muera la muerte que dan los imperialistas.
   Solo en la conciencia de que somos un gran pueblo al Sur de ese norte rico, ese norte de opresión a las libertades, a las idiosincrasias, a los pueblos, a nuestras raíces. Solo en esa conciencia podamos entender a luchadores, a esa gente de armas pero con ideas de Paz, a Filiberto, al Che.
   En este mundo de cosas absurdas, de guerras por petróleo en que lo crudo es ver morir a un pueblo. En este mundo, debemos rescatar a aquellos que ofrecen su vida, sus fuerzas, su familia, a un fin que trasciende la pura individualidad (propugnada por el capitalismo). Entre ellos debemos rescatar al hermano Filiberto.
   Solo en la idea de unión, de confraternidad, de identidad de pueblos con sus idiosincrasias, con la riquezas de sus costumbres, debemos de reafirmarnos un solo continente, aquel que contiene al Sur del norte rico, y por ello luchar, por nuestra libertad. Como lo ha hecho Filiberto.
   Filiberto, por ti este Padrenuestro Latinoamericano.
 
   Leandro Fretes Vindel, Mendoza Argentina, Agosto 29 del 2005.
   En tu nombre Leila.
 
Un Padrenuestro Latinoamericano (1)
 
Padre nuestro que estás en los cielos
con las golondrinas y los misiles
quiero que vuelvas antes de que olvides
cómo se llega al sur de Río Grande
Padre nuestro que estás en el exilio
casi nunca te acuerdas de los míos
de todos modos dondequiera que estés
santificado sea tu nombre
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver las uñas
sucias de la miseria
en agosto de mil novecientos sesenta
ya no sirve pedirte
venga a nos tu reino
porque tu reino también está aquí abajo
metido en los rencores y en el miedo
en las vacilaciones y en la mugre
en la desilusión y en la modorra
en esta ansia de verte pesa a todo
cuando hablaste del rico
la aguja y el camello
y te votamos todos
por unanimidad para la Gloria
también alzó su mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resistía
a pensar hágase tu voluntad
sin embargo una vez cada tanto
tu voluntad se mezcla con la mía
la domina
la enciende
la duplica
más arduo es conocer cuál es mi voluntad
cuándo creo de veras lo que digo creer
así en tu omnipresencia como en mi soledad
así en la tierra como en el cielo
siempre
estaré más seguro de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora
pero quién sabe
no voy a decidir
que tu poder se haga o se deshaga
tu voluntad igual se está haciendo en el viento
en el Ande de nieve
en el pájaro que fecunda a su pájara
en los cancilleres que murmuran yes sir
en cada mano que se convierte en puño
claro no estoy seguro si me gusta el estilo
que tu voluntad elige para hacerse
lo digo con irreverencia y gratitud
dos emblemas que pronto serán la misma cosa
lo digo sobre todo pensando en el pan nuestro
de cada día y de cada pedacito de día
ayer nos lo quitaste
dánosle hoy
o al menos el derecho de darnos nuestro pan
no sólo el que era símbolo de Algo
sino el de miga y cáscara
el pan nuestro
ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas
perdónanos si puedes nuestras deudas
pero no nos perdones la esperanza
no nos perdones nunca nuestros créditos
a más tardar mañana saldremos a cobrar a los fallutos
tangibles y sonrientes forajidos
a los que tienen garras para el arpa
y un panamericano temblor con que se enjugan
la última escupida que cuelga de su rostro
poco importa que nuestros acreedores perdonen
así como nosotros
una vez
por error
perdonamos a nuestros deudores
todavía
nos deben como un siglo
de insomnios y garrote
como tres mil kilómetros de injurias
como veinte medallas a Somoza
como una sola Guatemala muerta
no nos dejes caer en la tentación
de olvidar o vender este pasado
o arrendar una sola hectárea de su olvido
y ahora que es la hora de saber quiénes somos
y han de cruzar el río
el dólar y su amor contrarrembolso
arráncanos del alma el último mendigo
y líbranos de todo mal de conciencia
amén.
 
(1) por Mario Benedetti



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