Anécdota primera:
Mientras se encontraban instalando una de las antenas repetidoras (de las cuales se desconoce de donde sacan los chavos para materiales e instalación, porque de los anuncios pautados en su programación NO puede ser), un pajarito bombardeó a la placenta con una abundante plasta de caca que le cayó en la cabeza.
Al sentir el calorcito en la coronilla, inclinó un poco la cabeza y, señalando con el dedo la gracia que le había tirado el ave en la chola y se le chorreaba por la sien, le preguntó a Getu: "¿Papi, que tengo aquí?".
Cuando el padre le contestó: "¡Mierda, Jojgito", La Placenta le aclaró: "Adentro no, papi... ¡afuera!"
Anécdota segunda:
Otro día que caminaban los dos juntos por el parque Luis Muñoz Rivera, le ocurrió a Jojgito que no se percató de que otro pajarito le había bombardeado la cabellera ralita que tiene. Al pasar debajo de un árbol, una rama le rozó la cabeza al "nene de papi", quien se pasó la mano por el pelo y se trajo en la mano la plasta del ave. Al mirarse lo que tenía en la mano miro a a Blanco PIS y le dijo llorando: ¡Papi, papi, parece que me cojté la cabeza con aquella rama y se me está saliendo el cerebro! ¡De pinga, caballo!"
Anécdota Tercera:
En otra ocasión, mientras caminaban por la Domenech rumbo a la estación, el bombazo de ñoña se lo propinó un chango a Getulio, el Blanco mayor. Ni corto ni perezoso, Getulio, luego de maldecir al pajarraco le dijo a su placenta: "Oyeme, tú, chiquitico, a vej si me búscaj un poco de papel de inodoro en el baño de la estación". Jojgito, cuyo cociente intelectual es de 180 (negativo) en sus momentos de óptima lucidez, sin mucho titubeo le dijo al padre: "Pero pa qué, papi, si ya el chango se fue" ... y el viejo, luego de mirar al hijo con asombro e incredulidad, se aseguró de que nadie lo miraba a él, se limpió con la mano la churretá aérea que tenía en la cabeza, la miró con cara famélica y, con menos disimulo del esperado, se "jampió" el (para él y gente como él) "plato gourmet" que tenía entre los dedos y se relamió de gusto con el sabor de las heces pajariles.
Después de todo estos dos esperpentos no son más que gusanos excubanos, desgraciados promotores de la división entre los puertorriqueños, predicadores del odio, el rencor y la baja auto estima, y "bichos rastreros" que podrían estar al servicio de la inteligencia norteameriKKKana o, al menos, de la marina.
Nosotros en el TAIMS estamos en la disposición de pagarles los pasajes de regreso a Cuba siempre y cuando lo primero que hagan al llegar al José Martí sea gritar a todo pulmón: "¡Viva, Cuba, Estado 51!"