Hermanos:
Desde acá, al sur del continente, en el laboratorio del neoliberalismo, la muerte de Filiberto no ha sido ignorada. Somos hermanos en la manera de derramar nuestra sangre, escribió un poeta brasileño. Y así es.
Es una de las condiciones que nos encuentran en esta parte del continente, "un pueblo al sur de los Estados Unidos", al decir de Los Prisioneros, un grupo rock de por acá.
Bueno, sólo decirles que antes, durante y después de la dictadura militar en Chile muchos luchadores sociales fueron asesinados, pero su muerte no instala la derrota. La última derrota es la derrota moral, es la renegación, la traición, el abandono.
Hombres como Filiberto se transforman en las llamitas necesarias para continuar una senda compleja, muy, muy difícil, pero la única que nos van dejando. Su estatura es la estatura de la dignidad, de la coherencia entre pensamiento y acción y esa es una actitud moral que no
podrán eliminar.
Tengan la certeza que vuestro Filiberto ahora también es nuestro, y caminará junto a Víctor Jara, Miguel Enríquez, Raúl Pellegrin y tantos otros que no por no nombrados son olvidados.
Un abrazo fuerte, de hermano a hermano, sin lágrimas, con conmoción, con rabia, con respeto, con admiración, pero fundamentalmente con la certeza de que el futuro nos pertenece.
Ernesto Guajardo
Jueves, 29 de septiembre de 2005 4:23 PM