|
16 de mayo de 2005 Elver Dugo Taims San Juan, Puerto Rico |
|
Bienaventurados los bocabajo porque ellos cogerán desde arriba - Eddie López | |
|
Entrando por la salida
por Fernando Clemente
|
|

FERNANDO CLEMENTE |
Se oyen ruidos infernales de una a otra orilla y parece una rencilla de especialistas en males. Por la radio y los canales de grosera televisión el mal gusto hace explosión de música disfrazado. ¡No soporto el condendo “rap” y el cafrondo “reggaetón”!
-SEVERO LEON BRAVO-
ESPINELISTA ENCOJONADO | |
|
¿BUENOS?…¡BUEEENO!
|
|
I. LO BUENO NUNCA DURA MUCHO
“Nunca hay felicidad completa”. ¿Cuántas veces usted ha dicho—o ha oído decir a alguien más—esa dichosa frase? Le apuesto lo que usted quiera que ha sido más de lo que usted quiere - o se atreve - admitir. Después de todo, todos queremos creer en el mito de que somos felices. Ese mito es tan o más poderoso que el de la democracia estadounidense, la santidad de los fundamentalistas religiosos o la esencia del Estadolibreasociado. Tan real es ese mito que en un ¿estudio? hecho recientemente los puertorriqueños resultamos ser “el pueblo más feliz del planeta” (NOTA DE ESCEPTICISMO: No sé si reirme o vomitar por causa de tan absurdo e increíble dato.)
Que conste: Yo no estoy en contra de la felicidad. ¡Eso es lo que yo he estado tratando de lograr toda mi vida! Lo que pasa es que la realidad tiene una inacabable capacidad para echarle baldes de agua fría a los sueños y las ilusiones. Y ya usted sabe lo que dice el refrán: “El que vive de ilusiones muere de desengaños”. Tampoco estoy en contra de que las personas se perciban - o se canten para consumo público - como felices. De lo que estoy en contra es de que se confunda la gimnasia con la magnesia. Vivir de la apariencia de opulencia y de la enajenación múltiple NO ES FELICIDAD por más que usted se quiera hacer creer que lo es. Y eso, panitas boricuas, es “la triste historia de nuestro amor”. Esa “felicidad” que se manifiesta en estudios de dudosa rigurosidad científica, chabacanos programas de televisión y preguntas a participantes en concursos de belleza (con todo y sus agradecimientos a “Papito Dios”) no es otra cosa que un gigantesco mecanismo de escape colectivo. ¿Cuáles son las raíces, los fundamentos, la “Zapata” de tal felicidad? En muchísimos casos - !oh, dolor! - a lo que se refiere es a la repetición de unos clichés y al autoengaño. Porque se vive como los mercenarios de la publicidad nos dicen que hay que vivir para ser exitoso, elegante y deseable sexualmente, se cree que se es feliz. De nada importa que, para tratar de vivir así haya que estar embrollado hasta las teleras para consumir exageradamente y matarse aparentando lo que no se es. Porque se confunde la gimnasia con la magnesia nos consideramos una sociedad “próspera”, “adelantada”, “moderna” y llena de gente “feliz”. ¡Ah, y 84% de BLANCA! ¿Eso es lo que hace feliz a los(las) puertorriqueños(as)? ¿O es que estamos tan enajenados de la realidad que hemos perdido la capacidad para “separar el grano de la paja”, para poder distinguir los sentimientos y valores buenos y trascendentales del culto al consumo innecesario y a la apariencia pasajera? Si me preguntan a mí, no solo “nunca hay felicidad completa” sino - PEOR AUN - lo que pasa por “felicidad” es, en realidad, pobreza de espíritu. ¡Y que conste, que no me niego a volver a ser parte de alguna tribu religiosa! Esto no depende de creencias o no creencias religiosas sino de responsabilidad humana. Independientemente de las creencias religiosas y políticas, los seres humanos tenemos una responsabilidad los unos con los otros. Somos animales sociales y nuestra humanidad no puede tener otro marco de acción que no sea la vida en sociedad. Ultimadamente (como decía Don Mario Moreno) su felicidad individual no se da en el vacío. A lo mejor usted se cree eso que dicen algunos de los mercaderes del “self help” que le pintan la felicidad como algo puramente individual. A menos que usted sea un ególatra impenitente y un narcisista sin remedio (¡y de que los hay los hay!) su felicidad nunca será completa si viven en una sociedad plagada de irregularidades, injusticias y abusos. Su sensibilidad y su decencia no se lo permitirán.
|
|
II. NO ERAN TAN BUENOS NA
En innumerables ocasiones, he escrito sobre lo dificultoso que fue para mi familia mi conversion al independentismo. Para mí también porque tuve que enfrentarme a la gente que más he querido en mi vida. Eso era inevitable, máxime cuando la inmensa mayoría de mi familia era estadoísta. (Sólo mi abuela maternal era popular super muñocista y dos o tres primos de papi eran independentistas). ¡Imagínense cómo cayó cuando Fernandito “se volvió loco” y “se hizo independentista”. Poco importaba que “Fernandito” ya tenía 22 años, se había graduado de bachillerato, seguía estudios graduados y trabajaba. Para ellos y ellas era casi como un adolescente fumándose un cigarillo de marihuana. Una de las cosas que jamás se me olvidarán fue una bastante agria discusión la noche del 12 de septiembre de 1971.
Ese día había sido la gran marcha y concentración en repudio a la conferencia de gobernadores yanquis que se celebró en un hotel de Isla Verde. Yo, por supuesto, asistí a ese magno evento. Esa noche mis padres y mi tía materna llegaron azorados a mi casa. Fueron a “aconsejarme” para que desistiera de esas “actividades peligrosas” Su temor se mezcló con mi fogocidad de nuevo independentista (no hay nada peor ni más comecandela que un converso) y aquello culminó en una fuerte discusión. En algún momento, papi me dijo que él sabía que yo creía en lo que estaba haciendo, pero que no fuera tan confiado porque muchos de “esos líderes” no eran tan buenos y nobles” como yo. Yo le contesté que yo no estaba “en eso”, por líder alguno, sino porque yo estaba convencido de que era mi deber luchar por la independencia de Puerto Rico. Con el correr de los años, todos modificamos nuestras respuestas. Mis padres se convencieron de que yo no estaba loco, ni que era un fanático, ni que estaba en la lucha independentista por seguir pendejamente a algún líder megalómano. Yo aprendí a manejar el hecho de que mis padres habían sido víctimas del miedo y los prejuicios que crea y fomenta el colonialismo, pero que eso no los hacía menos buenos ni que me amaran menos. Así surgió el respeto mutuo hace ya muchos años. ¿Por qué les narro esto? Desde hace poco más de dos años, aquella manifestación hecha por mi padre la noche del 12 de septiembre de 1971, me está manoteando en la cara. Casi 34 años después (escribo en mayo de 2005) me atrevo a afirmar que papi tenía razón, aunque no por las razones que tenía. En aquel entonces, papi creía que el liderato independentista era un montón de nacionalistas furiosos y semicomunistas, de algún modo controlados por Fidel Castro, que iban a fastidiar a Puerto Rico si lograban su meta. Ni qué decirles que creía que eran dictadores norteamericanos en potencia. (Varios años después, papi dejó de creer eso de los líderes independentistas). Mis experiencias con algunos líderes independentistas, especialmente con aquellos que me hicieron creer que eran mis amigos son las que me llevan a la afirmación de que “papi tenía razón, aunque no por las razones que tenía”. Mire, bróder, algunos de esos tipos no son tan buenos ná. Es más, algunos de ellos retrasan, más que adelantan, la lucha por la independencia de Puerto Rico. Eso no quiere decir que dejen de ser patriotas o que hayan hecho buenas aportaciones (en otros momentos) a nuestra lucha. Lo que pasa es que alguna gente con su arrogancia o su prepotencia o su hipocresía, o su cobardía, o su sectarismo o algunas de las anteriores, o todas de las anteriores ALEJAN a mucha gente de la lucha por la independencia de Puerto Rico. En muchas cosas me recuerdan al gran patriota estadounidense Patrick Henry (el de “give me liberty or give me death”) quien, no empece a su incuestionable patriotismo y devoción por la causa era una de las personas más odiadas entre los patriotas por su arrogancia, su protagonismo y su elitismo. No son tan buenos ná esos líderes independentistas y esos independentistas “prominentes” que proclaman la democracia y practican el autoritarismo. No son tan buenos ná esos “revolucionarios de beauty parlor” y “marxistas de los hermanos Marx” (como les llamaba Don Santos P. Amadeo) que hoy son prominentes personajes del “establishment”. No son tan buenos ná. Porque son intrigantes, oportunistas, hipocritones y malagradecidos. Ellos son los responsables de que yo haya sacado la palabra “compañero” de mi vocabulario. Correligionarios sí, si es que siguen siendo independentistas. ¿Compañeros? ¡Compañeros son los habitantes del saco escrotal y no se hablan!
|
Para que leas LA DEMAGOGIA DETRAS DEL MICROFONO de El Gas Parín
|
|