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19 de abril de 2005 Elver Dugo Taims San Juan, Puerto Rico |
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"Si la vida te tira limones, agradece que no son toronjas" | |
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ESTA VIDA TAN DESGRACIADA MIA
Por: Anita Atina
Especial para EDT
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Don Dugo:
Me he enterado que mis lectores me aclaman. Del susto he perdido hasta el habla. Y es que nadie nunca me había echado de menos, excepto, por supuesto, los borrachitos decentes del Bar de Colacho, porque a esos tampoco nadie los quiere. Mi historia es muy larga y muy triste y quiero hoy compartirla con esa gente allá afuera que me quiere, para que me apoyen y me sigan queriendo. Necesito recobrar mi autoestima y mi tranquilidad.
Pero antes déjeme aclarar que de todos mis problemas recientes hay un solo culpable: ese
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ANITA ATINA |
es Roselló. Después de las elecciones ha enviado a la isla completa a un estado tal de desasosiego que cualquier persona se desajusta. Y menos si estamos hablando de una persona tan sufrida como yo.
Porque mi vida ha sido muy desgraciada. Para que mis lectores comprendan cuán desgraciada ha sido mi vida comenzaré por decirles que nací tan fea y tan fea que la comadrona me tiró a la letrina creyendo que era la placenta. De ahí me tuvo que pescar mi pobre padre.Y esa no fue la primera vez que caí en una letrina. Volvió a ocurrir más tarde, cuando tenía doce años. Era fea por fuera pero por dentro era un ser hermoso. Mi madre sugirió que me viraran alrevés. Para que el perro quisiera jugar conmigo, mi madre me amarraba una chuleta al cuello.
Nací en una familia bien acomodada: éramos quince y nos acomodábamos en una casa de un cuarto dormitorio y dos camas. Sospecho que mi madre nunca me quiso. Metía en mi cuna para que jugara un cable pelado de 500 voltios. En otra ocasión me fabricó un barquito de papel para que lo echara a navegar en el agua donde estaba hirviendo las verduras del almuerzo. Me regaló un cubito y una palita para que jugara en el patio con la tierra de los hormigueros. Y cuando me envió a la escuela por primera vez me explicó que en la línea blanca que dividía los carriles en la carretera era donde debería esperar la guagua escolar. Pero eso solamente eran sospechas, nunca pude comprobar que mi madre no me quisiera.
Los Reyes Magos le dejaban juguetes a mis doce hermanos y mi cajita con yerba la cogían de letrina para sus camellos.
Cuando tenía doce años me caí en una letrina. La porquería solamente me llegó a los tobillos: (caí de cabeza). Desde entonces el pelo se me puso reseco y padezco de mal aliento. Mi padre, para consolarme me decía que era porque era bajita: tenía la boca muy cerca del culo. Cuando llegué a la adolescencia, en los sorteos del amigo secreto, solamente recibía pasta de diente con sabor a menta y desodorantes como regalo. Pero el complejo grande me llegó cuando tuve mi primer novio. Cuando salía conmigo la gente creía que estaba paseando al perro. Ahí la autoestima me bajó tanto que cuando escuchaba la descarga del inodoro creía que estaban tocando mi música favorita.
Me salí de la escuela porque me colgué en diez de las once asignaturas, en la otra me di de baja. Y cuando quise conseguir trabajo envié cincuenta resumés. Me llamaron de tres funerarias, del hospital de psiquiatría de Río Piedras, de la morgue del Universitario y del Monoloro para que le quitara el complejo de feo que tenía Yuyo, el chimpancé. Pero donde único me aceptaron fue en la Plaza del Mercado de Río Piedras para que lavara el mondongo en el puesto de Alemán.
El momento más feliz de mi vida fue cuando me casé. El padrino era tan pobre que tuvo que alquilar el bizcocho de bodas. Mi esposo me adoraba, pero nunca comprendí porque me ponía la almohada en la cara cuando hacíamos el amor. Gracias a Dios que nunca quedé embarazada porque no me gustaría que un hijo mío se enterara de que tiene una madre tan desdichada. Mi esposo se escapó con otro. Siempre sospeché que ponerse mi negligee para dormir no era una conducta sana.
Como ven, queridos lectores del Taims, con una vida tan desgraciada, no es justo que ahora venga Roselló a tratar de desestabilizar la poca tranquilidad que he podido lograr a través del grupo de terapia de los borrachitos decentes del Bar de Colacho. ¡No hay justicia!
Anita
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Para que leas LA DEMAGOGIA DEL MICROFONO de El Gas Parín
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