TINA CASANOVA
ESCRITORA
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Irmgard Iglesias y Ramón Figueroa

La magia invade Vieques

Por Vanessa Serrano

Publicado en El Nuevo Día  / el 3 de enero de 2008  / Vidas Unicas

 

De una tragedia desoladora sacaron energías para llevar alegría y cultura a los niños de toda una isla. Es un milagro que sucede una vez al año, pero cuyos preparativos les inflaman el corazón durante 365 días.

Foto: Tito Guzmán

Entre sorbos de café negro y galletas con sabor a Navidad, Irmgard Iglesias cuenta que su lista de regalos para el Día de Reyes suma exactamente mil doscientos juguetes. Ramón Figueroa asiente con una sonrisa tras el cálculo de su esposa y señala hacia la mesa del comedor en donde tienen apilados una pequeña parte de los obsequios que responden a esa lista mágica.

La mística que envuelve este depósito infantil proviene de la buena fe de voluntarios que se han unido a Irmgard y a Ramón para celebrar la Epifanía en la Isla Nena de una forma muy particular. Lo que comenzó como una pequeña festividad hace ocho años, es hoy el tradicional Festival de los Reyes Magos de Vieques que fue creado con el fin de fomentar una cultura de paz, concienciar sobre el ambiente y revivir la tradición de la Epifanía entre los niños viequenses.

Por medio de la entrega de juguetes no bélicos, la educación sobre el reciclaje y talleres artesanales que incluyen desde manualidades hasta el diseño de máscaras de vejigantes hechas de higüeras, Irmgard y Ramón consideran el festival como un regalo de parte de la Isla Grande para la hermana menor.

Y es que desde el año 2000, cada 7 de enero, desde las nueve de la mañana, el Parque de Pelota del Barrio Florida de la isla municipio reúne a todos los niños de Vieques para recibir a los Tres Reyes Magos acompañados de regalos, música, payasos, globos, dulces y juegos.

Lo que en un principio fue una promesa de Reyes, hoy se ha convertido en un acto de solidaridad tan significativo que ha sumado adeptos de gran influencia como escritores de la categoría de Tina Casanova, artistas como Antonio Martorell, líderes comunitarios y profesionales, incluyendo maestros, arquitectos y músicos del patio que sirven como voluntarios en este singular evento navideño.

Según cuenta Irmgard, la decisión de crear este festival fue a raíz de la muerte de su hijo de 20 años en un accidente en 1998, quien precisamente había nacido el día 5 de enero. “Habíamos perdido el norte, ya no había razón por qué celebrar en mi familia el Día de Reyes. La vida nos estaba pasando por el frente. Y en eso ocurre la muerte de David Sanes en Vieques y como siempre estuvimos en luchas humanitarias, todo esto nos activó de nuevo”, relata Irmgard serenamente.

Al participar de las luchas por la salida de la Marina de Vieques, la pareja vio la necesidad de los niños viequenses quienes vivían la realidad de aquella pugna además de carecer de programas recreacionales, culturales y educativos que les desarrollara como personas integrales.

Su principal deseo era crear una cultura libre de armas en Vieques y, por esa razón, el festival se fundamenta en la sana convivencia, idea reforzada por la distribución de juguetes no bélicos que sirvan para que los niños compartan entre sí y a la vez mitigar los recuerdos perturbadores de las prácticas de guerra que veían los pequeños a diario. “Al mismo tiempo que ayudamos a los niños viequenses le rendimos tributo a nuestro hijo. Por eso cada vez que nos agradecen por el Festival siempre le agradecemos de vuelta, porque sin esto, estaríamos perdidos”, reflexiona Ramón.

Para esta pareja de buenos samaritanos la búsqueda de la justicia alimenta su espíritu y les da ganas de vivir. Su matrimonio por 37 años ha estado impregnado por una solidaridad que hacen patente en todas sus luchas.

Vivieron 20 años en Nueva York donde se conocieron mientras Irmgard estudiaba psicología en New York University y Ramón daba clases como maestro de Historia. Un día en el que Ramón debatía como deponente en una conferencia por el status político de Puerto Rico, Irmgard se le acercó para hacerle unas preguntas sobre el tema. Desde ese entonces no se han separado.

En ese momento, ambos ya pertenecían a las trincheras que reclamaban la soberanía de la Isla y los derechos humanos de los puertorriqueños en Estados Unidos. Encabezaron protestas para la creación de espacios recreativos para los niños en “El Barrio”, en East Harlem, donde vivían y también formaron parte de los debates que llevaron a establecer los estudios puertorriqueños como parte del currículo de varias universidades del sistema público de Nueva York.

Al regresar a Puerto Rico se han involucrado en diversas campañas para promover la liberación de los presos políticos puertorriqueños y en las campañas ambientales más recientes como en la controversia desatada por el proyecto de Paseo Caribe.

De vuelta a su proyecto más inmediato, sentados en un sillón de doble asiento, y aureolados de una sensación palpable de ternura, Irmgard observa a Ramón relatar cada detalle del festival y al terminar cada oración lo secunda como a un compañero de aventuras. Así, con la aquiescencia de su esposa, cuenta Ramón que en el brindis de la boda de su hija menor no pudo resistir recordarle frente a los presentes que ella sería la sucesora del festival porque, según él, el suyo es un compromiso que va a continuar incluso cuando ellos ya no estén.

Con el Festival de los Reyes Magos, este dúo ha sembrado ilusiones que, tras cada evento, han logrado convertir en realidad y envolviendo a sus allegados y “cómplices” en actividades a lo largo de todo el año, han transformado el festival en una sociedad de amigos benévolos que se reúnen, para compartir ideas y para trabajar incansablemente por conseguir todo lo necesario para la celebración. “Cuando nos reunimos junto al resto de los miembros siempre nos ponemos a soñar”, explica Ramón y rubrica su afirmación con una carcajada.

Gracias a estos trasiegos de ideas en las reuniones del comité de trabajo, se ha logrado poner en marcha la idea de la Casa Museo de los Reyes Magos, un centro cultural de constante uso con fines educativos en donde se puedan realizar actividades dedicadas a los niños viequenses durante todo el año.

En el 2003, esta idea encontró un terreno firme luego de que el municipio traspasara una pequeña finca para dicho uso. “Al ver la seriedad del Festival, logramos interesar al gobierno municipal en el proyecto y hace cuatro años nos concedieron un pedacito de terreno en el barrio de Isabel II”. Desde entonces han estado realizando actividades para recaudar fondos destinados a la construcción de la casa cuya estructura será la de una casa ecológica con elementos similares a la Casa Solar desarrollada por un grupo de académicos y estudiantes del Colegio Universitario de Mayagüez.

El proyecto del festival también ha logrado desarrollar una publicación semestral exclusiva llamada “Biekesí” en donde se reseñan los eventos del festival con fotos de los niños mientras participan en los talleres artesanales que realizan durante el año y durante el festival. Hay que señalar que muchos de los menores que empezaron a disfrutar del festival desde sus inicios, hoy son parte del grupo de voluntarios que ayudan durante la celebración.

“Nosotros nunca le decimos que no a nadie que quiera ayudar. Con este festival nos hemos dado cuenta que no todo está perdido y que existe un gran sentido de solidaridad entre los puertorriqueños”, se expresa Irmgard con una emoción sutil que logra contagiar al interlocutor con unas ansias de ver el despliegue de entusiasmo infantil el próximo 7 de enero.

Al recorrer la antesala del tranquilo hogar, Irmgard muestra la diversa colección de estatuillas de Reyes Magos en madera tallada, en cerámica y de barro. Una diminuta pieza sobresale de entre las otras, una que exhibe el llamativo sol de la bandera de Vieques. Luego de subrayar la fascinación que le provoca el minúsculo objeto, Irmgard revela risueña que ése es su favorito.

El júbilo y el sentido vital que les proporciona el festival al matrimonio, obedece a un sinnúmero de razones. Pero, en último término, según confiesa Irmgard tras un suspiro, a pesar de haber perdido un hijo han ganado miles a lo largo de estos ocho años.

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