Seducida por las múltiples voces del pueblo que proyectan las emisoras radiales de la banda AM de la Isla, la escritora puertorriqueña Tina Casanova se dedicó en cuerpo y alma durante dos años a la redacción de su cuarta novela, ¡Cuéntame de tí, Sofía!, donde reconstruye un espacio literario que satiriza la cultura política boricua contemporánea y le da rienda suelta a sus preocupaciones sociales.
Esta autora de formación literaria autodidacta, nacida en 1949 en el contexto de la pobreza agraria de Ciales, sorprendió a los lectores en 1998 al publicar en plena madurez una novel de temática histórica que retrata las transformaciones de seis generaciones de ciudadanos de un pueblo imaginario de la Isla llamado Sambirón.
Esta falsa crónica criolla rompió récord de ventas en las librerías del país y ha sido reeditada por Publicaciones Puertorriqueñas (PP) en dos ocasiones. La autora también ha publicado las novelas Como paloma en vuelo (PP, 1999) y varias ediciones de Cinco Marías y un Angel (PP, 2001).
Revista Domingo conversó con la narradora sobre su trayectoria literaria y el giro hacia el debate político actual que supone su nueva entrega, que le da vida a una representación de un Puerto Rico cuya sociedad civil intenta deshacerse de un modelo gubernamental corrupto.
MCC: ¿Usted diría que la sociedad civil es la protagonista de esta novela?
TC: La sociedad civil descubrió que tiene un poder en sí misma y lo va a usar como una alternativa.
MCC: ¿Por eso en la novela presenta a la sociedad civil detrás de la candidatura a la gobernación de 'Cucha Sardá', que surge espontáneamente en una barriada pobre de Santurce como una alternativa a la crisis gubernamental y a la corrupción?
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"Trato de utilizar lo mejor de la ficción para crear un mundo utópico, pero que podría realizarse, que podría ser cierto si logramos unos balances. Siempre va a haber quien no piense igual, pero si la mayoría piensa positivo, dejando a un lado los pequeños grupúsculos, hay una alternativa" | |
TC: No surge ella. La hace surgir el pueblo, porque ella no quiere ser candidata. Es una sátira, pero dentro de la sátira se presenta cierta amargura porque se está legislando a espaldas del pueblo. Los políticos van por un camino y el pueblo va por otro. El enfoque de un político nunca está donde debería, pues está ahí para servirle al pueblo y nunca nos sirve.
MCC: ¿De esa realidad tan terrible es que entonces construyes esa ficción?
TC: Sí, pero es una ficción satírica, porque tú ves que el personaje de la gobernadora 'Cucha Sardá' es muy estrafalario. Todos los personajes son estrafalarios.
MCC: Entonces, ¿es una caricatura que lleva a ver al mundo al revés?
TC: Sí, es una caricatura.
MCC: En la novela, los sucesos políticos de la Isla ocurren de otra forma, las comunidades están organizadas y la solidaridad surge como una alternativa viable a la inercia colectiva. ¿Hay una intención de llevar al lector hacia una utopía?
TC: Sí, podría ser una utopía, pero podría ser real. Veo unas tendencias hacia eso. La novela surge de los programas radiales de análisis político como 'Fuego Cruzado', el panel de WKAQ y 'Pica y se Extiende'. Escuchas a la gente hablar de lo que está pasando en el país y te desesperas porque dices: "Estamos bien jodidos, aquí no hay nada que se pueda hacer. Esta isla hay que botarla y hacerla de nuevo", como dice el personaje 'Pequeño Pablo'. De ahí me surge la idea de escribir algo para poner en claro lo que está pasando, para que conste. Lo que ocurra después de esto será consecuencia de que ya no tengamos otra alternativa y ojalá que ocurra algo, no sé.
MCC: La plataforma de gobierno que presenta 'Cucha Sardá' está llena de ideas que parecerán descabelladas. Contiene todas las causas justas que no se están atendiendo. ¿Son las que le hacen falta ahora a los programas actuales?
TC: Sí. Oyes a los comentaristas radiales y a veces tienen unas ideas fantásticas y te preguntas por qué no se ponen en práctica. De ahí viene la plataforma de 'Cucha Sardá', que contiene ideas lógicas. A lo mejor los que van a la Legislatura y la Fortaleza llegan con ellas en mente, pero se encuentran con una burocracia que no les da espacio para desarrollarlas.
MCC: El personaje de 'Cucha Sardá' es tan perfecto que se parece a un superhéroe.
TC: Ella es todo lo que el pueblo necesita. Hay otro personaje, que es su contrincante, llamado 'Sigila Camerón' que es el estereotipo, es la mujer que parece que viste de Versace. 'Cucha Sardá' es todo lo contrario, se pone lo que aparezca, chancletas y fatigas de camuflaje, porque lo menos que le interesa es lo que lleva por fuera. Para ella lo más importante es lo que lleva por dentro. Presento al estereotipo y lo que se sale del estereotipo, lo que es y lo que yo quiero que sea, que podría ser lo que posiblemente funcione, pero en eso el lector es el que decide.
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La autora de Sambirón regresa al ruedo literario con una novela que propone una utopía política donde gobierna la sociedad civil | |
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MCC: Hay una lucha en las comunidades, las barriadas son un campo de guerra. ¿Por qué eso no está representado en la novela?
TC: Trato de utilizar lo mejor de la ficción para crear un mundo utópico, pero que podría realizarse, que podría ser cierto si logramos unos balances. Siempre va a haber quien no piense igual, pero si la mayoría piensa positivo, dejando a un lado los pequeños grupúsculos, hay una alternativa. La intención ha sido representar que en la sociedad civil es que está la fuerza, porque muy pocos no pueden tener control sobre muchos y eso es lo que pasa, que un puñado de políticos controla las masas, cuando debería ser lo contrario en una democracia. Se supone que las masas sean las que decidan. Aquí tenemos una democracia al revés, como patas arriba. entonces pones allá arriba a gente que decide lo que no quieres que decidan. Una vez allí, se piensa que no tienes forma de quitarlos, pero sí la hay. Existen las protestas. ¿Qué pasó con Vieques? Eso no lo hicieron los políticos ni los puñados, lo hizo la sociedad civil, las grandes masas.
MCC: Le dedica la novela al pueblo de Vieques, ¿parte de esa experiencia para construir un modelo alternativo?
TC: Pienso que sí. Me 'jamaqueó' ver como la gente se unió por la causa de Vieques. Si pudimos estar de acuerdo con eso, por qué no estamos de acuerdo con otros aspectos, como, por ejemplo, la ecología y todos los problemas que nos molestan.
MCC: La novela está dividida en dos narraciones contadas por dos mujeres que tienen vidas paralelas: 'Flor Sardá', quien es periodista y sobrina de la que llega a ser gobernadora y 'Sofía', quien juega un papel importante en el destape de los escándalos de corrupción. ¿Son dos caras de la misma moneda?
TC: Sí, traté de tocar un tema paralelo, que es el de la soledad de la mujer joven. La mujer que tiene las manos llenas de muchas cosas, pero por dentro está vacía; está carente de algo que trata de buscar y no encuentra. En este caso, 'Sofia', 'Flor Sardá' y 'Cristina' se unen; se unen en esa soledad. ¿Qué puede más que una mujer?... pues dos mujeres. Para mí la peor enemiga que puede tener una mujer es otra mujer y eso siempre me ha chocado. ¿Cómo es posible que cuando debiéramos trabajar unidas para una misma causa, siempre estemos separadas, siempre nos estamos tirando?
MCC: ¿Se trata de una novela feminista?
TC: Me niego a pensar que hayan novelas feministas y novelas machistas. Para mí hay una sola literatura, lo que pasa es que se me hace más fácil la caracterización de una mujer que la de un hombre, porque en ellas me proyecto, soy más sincera.
MCC: La acción ocurre en la redacción de 'El Diario', por lo menos la primera parte. ¿Se le hace fácil utilizar el personaje del periodista porque ve la novela como una especie de investigación social?
TC: Se me hizo fácil trabajar el personaje de 'Flor Sardá' desde la perspectiva de una periodista porque porque había un problema que había que resolver: un crímen en el Capitolio. Si no eres periodista, ¿cómo vas a estar detrás de un político corrupto? Una periodista me daba todo, me ponía los elementos en bandeja de plata para poder perseguir al corrupto y también para poder tener un foro desde el cual yo pudiera llegar a la sociedad.
MCC: Pensando en ese foro que plantea, si la función de la historia que se lee a través del periodismo es preservar y proyectar el pasado hacia el futuro, entonces ¿qué función tiene el tipo de novela que hace?
TC: Le veo una función con relación a los jóvenes, porque tenemos una sociedad al garete, que no tiene como fin primordial conocerse a sí misma. Es enajenante y, al estar enajenados las raíces, también lo estamos del futuro. Los jóvenes se crían sin conocer el contexto histórico que les ha tocado vivir, por lo que son personalidades sin mucha autoestima, huérfanos de la historia. Sin embargo, me di cuenta cuando empecé a escribir 'Sambirón' que yo también, como producto de esa sociedad, estaba creciendo así. Entonces, al descubrir la historia, al meterme en ella, me fui encontrando a mí misma y cambié por completo. Todos mis principios y mis expectativas cambiaron.
MCC: En esa línea, ¿tiene nuevos proyectos en mente?
TC: Estoy escribiendo la novela taína que nadie ha escrito, la novela de la supervivencia taína que nadie ha querido escribir. Llegaron los españoles, pero los indios sobrevivieron en la zona montañosa de la Isla. Hemos dejado fuera una parte importante de nuestra personalidad y la literatura cubre ese vacío.