TINA CASANOVA
ESCRITORA
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Por: Jorge Rodríguez
Redactor ESCENARIO
Sábado, 13 de agosto de 2005

   Evocando inconteniblemente una presencia indígena en el Puerto Rico del siglo 21, en su más reciente novela titulada El último sonido del Caracol (Publicaciones Puertorriqueñas Editores, Hato Rey, 614 págs.), la narradora boricua Tina Casanova, con un lenguaje ágil y sin pretensiones seudointelectuales, desentraña dentro de su mundo de ficción, dos tramas históricas que corren paralelas y que en este espacio literario se bifurcan; pero con cinco siglos de diferencia.
   En el relato, que se desarrolla en el pueblo de Chimborazo —pueblo de la última resistencia taína—, un historiador y una joven mujer andan tras la búsqueda de un arqueólogo desaparecido en una región plagada de leyendas, paisajes exóticos, y donde han sucedido eventos que no tienen explicación lógica. Mientras, de una parte, los personajes de la época actual discuten el asunto por siglos debatido de la extinción o supervivencia de los primeros habitantes de Borikén; de otra, se va apareciendo una historia colombina de signos contemporáneos.

   Autora de las novelas Sambirón, "Como paloma en vuelo", "Cinco Marías y un Angel" y !Cuéntame de tí, Sofía!; y de las obras infantiles El jardín del Búho Sabio, Al final del arcoiris Relatos y leyendas de Borinquen y Señor Oruga, Casanova acostumbra labrar sus geografías literarias e inventarlas.
   "Yo tomo la historia real como espina dorsal de mi trabajo. Todas mis tramas giran en torno a la historia central o la interpretación que yo hago de la historia. No quiere decir que mi interpretación sea la real, pero es una forma de yo medir mi paso por esta sociedad. También parece ser el paso de mucha gente que se identifica con mi obra. Al armar mi trama, surge el rompecabezas de nuestra historia con nuevos huecos que necesitan ser rellenados, y yo busco esas piezas", dice.
   ¿Cómo surgió entonces "Chimborazo", como geografía literaria de esta última novela, después de ubicar a Sambirón en Ciales; a Como paloma en vuelo en Bejucales; Cinco Marías y un Angel en un barrio inventado, entre Manatí y Ciales; y ¡Cuéntame de tí, Sofía! que se desarrolla en la Barriada Figueroa de Santurce?
   —Hay dos razones de peso para escoger a Chimborazo como entorno de esta novela del tema taíno. La primera y creo que la que más apela a mi memoria pasada es que parte de Chimborazo se ubica en el Barrio Frontón de Ciales donde nací, crecí y viví hasta la adolescencia. Mi padre y mis hermanos viajaban a Chimborazo a caballo y siempre escuché hablar de este sector. Por lo tanto, no es un sitio ajeno ni desconocido y podía manejar con mayor confianza su geografía en mi obra.
   ¿Y la segunda?
   —La segunda razón es porque cuando se habla del tema taíno, el puertorriqueño inmediatamente piensa en las Indieras como único bastión de resistencia taína en la Isla. Al ubicar la trama en Chimborazo quise ampliar ese panorama estrecho que tenemos los boricuas de que verdaderamente los indios se extinguieron en los primeros 60 años de la conquista.
   ¿Desde cuándo circuló esta trama paralela que ocurre en dos épocas en El último sonido del Caracol en la mente de la autora; o acaso surgió una acción primera y otra después?
   —La trama de acción paralela surgió desde el principio y se fue trabajando simultáneamente. Al hacerlo de esa forma trato de darle una dimensión amplísima a la obra a la vez que relevo a mis personajes del tiempo moderno de la obligación de contar la historia a través de sus diferentes puntos de vista. Intento a la vez darle a la trama el elemento de suspenso e intriga que mantendrá al lector alerta en una búsqueda continua de respuestas.
   Como en la introducción de la novela su creadora declara como factor de la misma algunos estudios indigenistas de Puerto Rico como motor de inspiración, ¿cuánto de este tópico hubo de influir en la autora en la novela o si esto ocurrió al inicio de su escritura o en medio del proceso?
   —Estos estudios indigenistas fueron en gran medida responsables de la trama de esta obra. Mi madre, indiscutible descendiente de taínos, con su quehacer diario iba desacreditando esa historia oficial que hablaba del exterminio. Nuestro propio entorno, los alimentos con los que crecíamos, nuestra casa (un bohío de pajas, matojos y yagua), los envases en los que tomábamos los alimentos, me hablaba más de indios taínos y de negros que de españoles. Los escritos de Juan Manuel Delgado, Aurelio Tió, Estela Sifre y otros historiadores que escudriñaban la teoría de una sobrevivencia más que de la extinción, tenían mayor lógica que la otra historia aprendida y machacada.
   ¿Por qué en esta lectura se describe el antepasado indígena como la parte más escabrosa y manipulada de nuestra historia?
Para Casanova,
el legado
indígena
en la cultura
boricua
está más
vigente
de lo que
algunos
estamentos
están
dispuestos
a reconocer.
   —Si bien es cierto que nuestra historia ha sido escrita y reinventada siempre por el elemento invasor, en el caso de nuestros indios taínos la cosa se complica. Nuestros indios no tenían escritura. No hubo ni siquiera la remota esperanza de que algo de su realidad fuera dejado por ellos mismos para la historia. Lo único que preservamos de su realidad son algunos signos en piedra que ni siquiera podemos estar seguros de su significado.
   ¿No sigue el español escribiendo esa historia?
   —¡Y la escribió el español que necesitaba ganar favores y adeptos a sus propias causas, sus propios intereses! Tener indios encomendados significaba un costo mucho más elevado. Debían alimentarlos adecuadamente, vestirlos, indoctrinarlos en la fe católica, medir el peso que cargaban sobre sus espaldas y encima pagar un 20 por ciento de impuesto a la corona. Para los negros, solamente se exigía de las autoridades un árbol de pana por cada negro y solamente el pago de un 10 por ciento.
   ¿Qué de propio conocimiento de la autora ésta pudo comprobar de acuerdo a su tesis de que los taínos y su descendencia, luego de 21 generaciones desde la Conquista, todavía existen?
   —He visitado y continúo visitando verdaderos asentamientos que comprueban esta tesis. El sector Cabachuelas en Morovis aún conserva uno de esos clanes. La familia Chéverez Chéverez es fiel testimonio de esto. No solamente sus sorprendentes rasgos físicos, sino su propio comportamiento y la conciencia que aún conservan de ese pasado taíno que para ellos no es tan remoto.
   ¿Qué ha descubierto de los sorprendentes hallazgos de los experimentos científicos del Dr. Martínez Cruzado que demuestran que tenemos en nuestros genes un alto porcentaje de sangre taína?
   —Un 61 por ciento contra un 27 por ciento de sangre negra y solamente un 12 por ciento de caucásica. Los hallazgos en estudios sobre el diente de pala entre nuestra gente apoya también esta teoría. Y cuando miro a mi alrededor y veo los rasgos de mi pueblo no puedo menos que pensar que verdaderamente todavía estamos aquí.
   Es muy apropiado el personaje del arqueólogo en la novela por flanquear lo histórico, sin embargo, la autora lo tiene en su historia también enfrascado con elementos mágicos. ¿Este giro en la acción, se dio para elevar a mito un pasado que se revela incógnito a través del tiempo?
   —Más bien lo que intento al introducir el realismo mágico es suavizar en mi obra un poco el inquietante peso de la historia. Esta obra debe ser y es indiscutiblemente una novela. Mis tramas de ficción deben ser lo importante. No quiere esto decir que la realidad de la historia que en ella se trabaja lo es menos. Solamente intento trabajar con los recursos de imágenes más variados para mantener al lector siempre alerta, interesado y, sobre todo, entretenido.
   ¿Por qué reproduce un glosario de palabras indígenas?
   —Sí. La idea del glosario fue para una mejor comprensión de la obra. Pero a la vez sirve al propósito de obligar a reconocer en nuestro entorno actual esa presencia viva de nuestros taínos en la forma en que tantos vocablos taínos siguen vigentes luego de los años de "supuesta" desaparición de la raza.
Ha habido como unas manifestaciones y hasta explosiones en torno a la presencia taína de Puerto Rico, recientemente.
   ¿Se puede sacar la paja del trigo cuando este tema se trata?
   —Hay que tener mucha cuenta cuando del tema se trata. Nuestra sociedad anda en una búsqueda ciega y constante de asideros emocionales en donde poder apoyar ese vacío existencial que nos habita. Me gustaría pensar que es así y que el motivo que los mueve es genuino. Eso me daría mucha esperanza.
   ¿Pensaba Tina Casanova conseguir algún tipo de retribución, —-de cualquier clase— al finalizar esta novela?
   —El propósito primordial al escribir esta obra fue continuar el ciclo histórico. Todavía me falta nuestra herencia negra y eso lo trabajaré en un futuro inmediato. Sin embargo, no busco otra retribución que no sea la de conocerme a mí misma a través de la historia de mi raza y de mi pueblo; y la de que otros la conozcan a través de mi obra.
 
 

 

 

 

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