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Visitar la laguna bioluminiscente en la Reserva de las Cabezas de San Juan en el Municipio de Fajardo es una experiencia verdaderamente inolvidable, renovadora del espíritu y educativa por demás - aparte de ser una verdadera aventura iluminadora -.
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Junto a un grupo de turístas provenientes de Pennsylvania, New York y Alemania llegamos al sector de Las Croabas en Fajardo. Luego de recibir las instrucciones de cómo “kayakear”, la ruta a seguir y una explicación somera del área a visitar, salimos en cinco kayaks a las 9:00 de la noche.
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Remamos hasta el canal que lleva a la laguna bioluminiscente de las Cabezas de San Juan. La densa oscuridad casi se puede tocar con los dedos. Cuando los ojos se acostumbran a ella se ven las siluetas de las ramas que techan el canal. Es como estar en un túnel. En la tranquilidad salpicada por los cantos de los grillos y de los siempreocultos aunque siemprepresentes coquíes,se escuchó en la distancia un opaco y meláncolico graznar de garza noctámbula.
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A menos de un minuto de habernos adentrado en el canal observé como una luz similar al neón rodeaba a los kayaks en su línea de flotación. El agua resplandecía al toque de los remos que parecían encenderse como antorchas con las puntas flamantes sumergidas en el agua que se iluminaba a la menor provocación. Las estrellas fugaces y minúsculos cometas desplazándose en la profundidad oscura del canal eran en realidad las manchas de pececitos asustados por cada golpe de remo, huyendo luminosamente despavoridos.
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‘Espera a que lleguemos a la laguna’, me dijo el guía al expresarle mi asombro. No terminó su comentario cuando ante mis ojos se presentó aquel valle líquido derramado en la oscuridad, rodeado de mangles, y con el faro centenario guiñandonos su resplandor desde la colina donde está ubicado. Llegamos a la laguna. Sobre la superficie resplandecían las crestas de las diminutas olas formadas por una leve brisa de viento alisio que soplaba fresca y acariciante.
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Remamos hasta el centro y previo a la charla que brindaría nuestro guía, todos nos dimos un chapuzón en las cálidas aguas de la laguna.
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¿Cómo describir con palabras el efecto de nuestros cuerpos en el agua al zambullirnos desde los kayaks, sumergirnos o nadar en la laguna?
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Al zambullirnos, el cuerpo deja una estela en el agua similar a una vía lactea. Al nadar, una esfervescencia luminosa y brillante de diminutas perlas azuladas y verdosas ocurría milagrosamente con tan sólo mover un dedo. La densidad del agua es tal que flotar sobre la espalda es sumamente fácil aún para quienes no saben hacerlo. Con los oídos sumergidos en el agua se pueden oír los pequeños estallidos causados por los organismos al producir la bioluminiscencia. A estos se les conoce por dinoflagelados. | |
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Tras el chapuzón y de regreso a los respectivos kayaks, el guía nos brindó una charla amena y educativa en la cual explica como la bioluminiscencia es resultado de la reprodución por mitosis de los dinoflagelados, ya que son unicelulares. Es esta división la que ocasiona los estallidos que oímos al sumergirnos. La causa de la bioluminiscencia no es conocida a cabalidad. | |
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‘Son luciérnagas marinas’, concluí en silencio. | |
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El guía también nos habló de los diversos ecosistemas que existen en la periferia y de la historia del faro. También nos informó que la laguna se encuentra en el punto más al noreste de la isla. | |
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Después de la charla remamos un rato por la laguna hasta llegar al canal de entrada por el cual nos regresamos a Las Croabas. | |
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