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Calle de San Justo (Gustavo Firpi) | | |
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Por mi Viejo San Juan |
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© 2002 Américo Boschetti Aponte
Prohibida la reproducción parcial o total sin autorización escrita por el autor | | |
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I |
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Cuando yo era niño solíamos ir todos los sábados a pasear por el Viejo San Juan.
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Al llegar al Puente Dos Hermanos en la entrada de la isleta, miraba con asombro infantil hacia el perro parado en actitud vigilante sobre el arrecife que sirve de rompeolas a la playita del Condado. Cuenta la leyenda que diariamente acompañaba a su amo, un pescador oriundo del pueblo de San Mateo de Cangrejos, cuando se echaba al mar en su frágil yola. Menos aquel día lluvioso en que su dueño le dejó sobre las rocas debido al fuerte oleaje causado por el mal tiempo. El can se paró sobre las peñas a esperar al amo. En la larga espera el fiel animal se petrificó sobre el rompeolas. Allí permanece con paciencia de roca. Inmóvil mira eternamente hacia el horizonte. Aún aguarda el regreso del pescador. No sabe que murió ahogado en el mar aquel distante día de tormenta en alta mar.
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Como si fuese una prolongación del arrecife, el fortín de San Jerónimo, solitario defensor de la entrada a la isleta de San Juan, mira silenciosamente la hilera de edificios del Condado. Fue construido por los españoles para detener cualquier ataque de corsarios ingleses u holandeses que trataran de tomar la ciudad por tierra al desembarcar en el
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Hotel Normandie | | área de Cangrejos evitando así enfrentarse a las temidas baterías de cañones apostadas en el Castillo de San Felipe del Morro, el Fuerte de San Cristóbal y a todo lo largo de las murallas de la costa norte.
Si sorprendente resultaba el perro petrificado, más sorprendente era ver e l enorme barco de concreto 'encallado' en el Escambrón. Mi madre me explicó que no se trata de un naufragio en tierra firme. Es el Hotel Normandie, construido por su dueño a imagen y semejanza de un barco y que le rinde homenaje al trasatlántico francés del mismo nombre
Al pasar junto al Parque Muñoz Rivera recuerdo el zoológico que hicieron en el antiguo polvorín español que se encuentra en los predios, especialmente los cocodrilos inmóviles, durmiendo una eterna siesta en un estanque profundo y seco. En las jaulas avitrinadas exhibían a las serpientes enroscadadas en torno a un eje imaginario. Su único signo vital lo daba el movimiento rápido de la lengua. Los pájaros en cautiverio parecían repetirse de jaula en jaula.
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Me dirijo al Viejo San Juan disfrutándome la costa atlántica caminando
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Pendientes cubiertas de uveros en Puerta de Tierra detrás de la Iglesia San Agustín. | | por la acera norte de la avenida Muñoz Rivera. Las pendientes cubiertas de uveros playeros bajan hacia el mar transformándose en playas a veces abatidas sin piedad y a veces acariciadas gentilmente por las olas del océano. El campanario de la Iglesia San Agustín se levanta pálidamente rosado y silencioso, arropado por una tenue bruma que el viento trae desde el mar. Llego al Capitolio de Puerto Rico y paso entre éste y la Plaza donde se encuentra la estatua de San Juan Bautista con su dedo levantado como si lanzase acusaciones hacia los moradores de la Casa de las Leyes como le hacía a Herodes desde la colina frente a su palacio. La original obra es creación del escultor Rafael López del Campo.
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Paso por detrás de la Casa de España con su aire andaluz y arquitectura mora. La imponente muralla del Fuerte de San Cristóbal se levanta con solidez colosal a mi derecha. Más o menos a esta altura corrían de norte a sur las murallas del este de la ciudad. Por aquí estaba la Puerta de Santiago. Esta puerta era el acceso por tierra a la ciudad murada. En el exterior y frente a esta puerta, se levantó una comunidad a la cual se llamó y se llama Puerta de Tierra.
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Entonces llego a la Plaza de Colón, la entrada al Viejo San Juan. |
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Tengo tres opciones: subir hacia el norte por la Calle de Norzagaray, adentrarme en la ciudad antigua por la calle de San Francisco o dirigirme por la calle Recinto Sur hacia la zona de los muelles turísticos.
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Subo por la calle Norzagaray, el antiguo Boulevard del Valle donde Pedro Flores recibió las "dos blancas azucenas" que le dió su novia al despedirse
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La Garita del Diablo | | de él, según nos dice su canción. Al llegar al tope de la colina, se ve al mar hacerse cielo según se aleja hacia el horizonte. A la derecha tengo la entrada al Fuerte San Cristóbal. Al pie de las murallas del lado norte de la fortificación y como si se alargase hacia el mar, se divisa la Garita del Diablo. Se le llama así porque se cuenta de centinelas desaparecidos en noches de guardia sin dejar rastro. La desaparición narrada en nuestras leyendas puertorriqueñas es la del Soldado Sánchez acaecida una noche, casualmente la misma en la que su amada, la mestiza Dina, también desapareció. El pueblo negándose a asociarla con la de Dina, achacó la desaparición de Sánchez al diablo descartando (quien sabe si voluntariamente) la deserción por amor.
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La calle Norzagaray transita sobre las murallas del norte. Entre las murallas y el mar se encuentra la ?barriada? La Perla, desparramada en una ladera que termina a la orilla de una playa rocosa. Parece como si sus casas viniesen escalando la pendiente desde el mar para no ahogarse con la marejada.
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La Perla tiene sus orígenes en la década del 1940. Fue creada por trabajadores puertorriqueños provenientes de los pueblos del centro de la Isla que no lograron emigrar a trabajar en los campos de tomates de Estados Unidos. Aquellos que salieron a buscar promesas de una mejor vida más allá del mar que, por diversas razones, no lograron cruzar.
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Llego al convento de los Dominicos, sede del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Le sigue la Plaza del Quinto Centenario con su Totem Telúrico y el cuartel de Ballajá. En la distancia frente a mí veo el Castillo de San Felipe del Morro. A la derecha el cementerio del Viejo San Juan. Miro hacia el camposanto desde la muralla y me parece ver a De Diego en animada conversación con Don Pedro y Don Abelardo 'El Josco' Díaz Alfaro. Noel Estrada les canta su hermoso En Mi Viejo San Juan.
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Recorro el descampado entre Ballajá y El Morro bajo el sol tropical. El prado verde que se se encuentra a ambos lados de la carretera una vez fue campo de golf para los oficiales del ejército de los Estados Unidos hasta que los terrenos le fueron devueltos al gobierno de Puerto Rico. Hoy en día es espacio preferido para los chicos, acompañados de sus padres vengan a volar sus chiringas en su temporada o sencillamente para disfrute ciudadano.
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Entro al Morro que desde tierra no luce tan imponente como desde el mar, pero una vez adentro impacta. La sola presencia de esta mole a la entrada de la Bahía de San Juan señala la importancia que tenía la isla para el Imperio Español. Puerto Rico, por su localización a la entrada de los continentes centro y suramericanos siempre fue la plaza más codiciada por los británicos, holandeses y los norteamericanos. San Juan, por ser la capital y estar condenada a frecuentes asedios y bombardeos por distintas flotas, fue fortificada y amurallada.
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Mirando al Atlántico desde la inmensa rampa del Castillo oigo las voces de los soldados españoles mezcladas con los disparos de los mosquetes y arcabuces, y los cañonazos de la artillería repeliendo el ataque de los galeones del Pirata Drake o del Conde de Cumberland o de los acorazados del General Sampson cuando bombardeóla ciudad por un periodo de tres horas la madrugada del 12 de mayo del 1898, dos meses antes de la invasión por la bahía de Guánica por la Marina estadounidense comandada por el General Miles, acaecida el 25 de julio y la que trajo el cambio de soberanía: de la española a la estadounidense.
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II |
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Desandando la misma ruta que me llevó al Morro regreso a la Plaza de Colón. Subo por la calle de San Francisco. Entro a la Iglesia del mismo nombre cuya construcción data del 1756. Me atrae El Cristo del Buen Viaje, un crucifijo que flotó desde un naufragio frente al Morro en el ocaso del siglo 18. Los vecinos lo trajeron hasta la capilla, donde aún permanece.
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Justamente al lado de la iglesia se encuentra la Plaza de Toribio donde los sanjuaneros juegan dominó en mesas alegóricas al juego y sillas hechas como si fuesen fichas. El busto del afamado güirero les acompaña con su mirada silenciosa e instrumento en mano. Una cuadra más adelante, en la Bombonera, me saboreo una mallorca tostada acompañada con un delicioso y aromático café colado en la antigua cafetera ( del 1940 ). Fundada en 1902, La Bombonera, es una de las cafeterías preferidas por los sanjuaneros y los visitantes, y lugar de reunión de artistas y bohemios residentes y no residentes en el casco de la antigua ciudad.
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Muy cerca, en la calle de San Justo, se encuentra el Restaurante La Mallorquina, que data del 1848, lo que le hace el restaurante más antiguo de la ciudad. En su legendario libro de visitas se encuentran las firmas de prominentes personalidades del quehacer cultural y político local e internacional.
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El casco del Viejo San Juan, con la Plaza de Armas en el corazón, está compuesto mayormente por restaurantes, cafeterías, joyerías, farmacias, colmados, hoteles y viviendas. En algunos balcones se asoman las sonrientes y coloridas trinitarias coqueteándole a quien las mira. Varias galerías de arte están diseminadas por el área. Algunos reconocidos pintores y artistas plásticos tienen sus talleres abiertos al público.
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La actividad nocturna ocurre más en la parte norte a lo largo de la calle de San Sebastián, desde la Plaza de San José - en cuyo centro se encuentra la estatua de Juan Ponce de León con su dedo señalando hacia Villa Caparra, primera capital de la isla - hasta la escuela Lincoln, y bajando por la Calle del Cristo hasta la Capilla del mismo nombre, al lado del Parque de las Palomas. En la San Sebastián están Los Hijos de Borinquen y el Patio de Sam entre otros tantos restaurantes, bares, sports bar y algún caféteatro. No obstante, en la Plaza de San José se encuentra la Iglesia de San José, colindante al Instituto de Cultura. En la Iglesia se puede pasar un rato de descanso y reflexión y disfrutar de los frescos recién descubiertos debajo de varias capas de pintura, y que datan de los años de su construcción. El Museo Casals y el del Niño también ubican en la Plaza.
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Bajando por la calle del Cristo me topo con la Catedral de San Juan frente al hotel El Convento. Al igual que la San Sebastián, la calle del Cristo es de mucha actividad nocturna. En ella se encuentran dos 'pubs' de larga existencia: el Batey y Maria's.
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En la esquina de la Calle del Cristo con la Calle de la Fortaleza veo a mi derecha, al fondo, el Palacio de Santa Catalina, La Fortaleza, residencia oficial del gobernador de Puerto Rico. Desde sus jardines se puede observar una hermosa vista de la bahía de San Juan, con Isla de cabra al otro lado. Yo doblo hacia la izquierda.
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En la calle de la Fortaleza se encuentran una gran cantidad de joyerías, tiendas de 'souvenirs', locales en los cuales disfrutar de tertulia, música o presentaciones en vivo de artistas y músicos locales, y restaurantes de cocina criolla o internacional. El Restaurante Barrachina invita a tomar una Piña Colada, máxime cuando me indican en un letrero a su entrada que este es el lugar de origen de la famosa bebida.
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La calle Fortaleza me trae de regreso otra vez a la Plaza de Colón, paso frente al teatro Tapia para tomar la calle Recinto Sur.
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La Calle Recinto Sur es otra área de gran actividad diurna y nocturna. Cuando bajo por ella me sorprende un fresco olor a café. Emana de Café del Caribe, primer establecimiento con franquicia autorizada de Starbucks Coffee. Después saborear un delicioso mocha sigo mi rumbo calle abajo hacia La Puntilla.
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Me detengo en Lupi's Mexican Grill & Sports Cantina para tomarme un descanso en el recorrido turístico por la ciudad y saborear uno de sus deliciosos platos de comida Tex-Mex acompañada con una de sus variadas bebidas, recargar baterías y continuar el paseo. Por la noche el karaoke invita a cantar y el ambiente amigable invita a quedarse a disfrutar una refrescante Margarita, conversar con los otros parroquianos o ver alguna de las transmisiones deportivas en la TV
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Más adelante se encuentra el Hard Rock Café de San Juan. Este Hard Rock Café se distingue por auspiciar y promover el Rock en Español puertorriqueño trayendo las mejores bandas del patio a brindarle su arte a los parroquianos todos los jueves y viernes, en directo, desde la tarima localizada en el patio interior.
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III |
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Antes de seguir mi camino hacia el Paseo de la Princesa deseo hacer varias observaciones.
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La arquitectura colonial del Viejo San Juan está protegida por ley hasta tal punto que los colores a utilizarse en la ciudad antigua están asimismo reglamentados. Está prohibido hacer alteraciones en las fachadas o utilizar colores diferentes a los indicados por ley sin contar con el aval del Instituto de Cultura Puertorriqueña. La UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad la Zona Histórica: ese complejo de fortificaciones y diversos monumentos dispersos por la ciudad murada.
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Las calles de San Juan fueron cubiertas con los adoquines que servían de lastre a los galeones españoles que venían a recoger el Situado, como se le conocía a la contribución del Nuevo Mundo a la Corona Española compuesto en su mayoría del oro saqueado a los indígenas o de la explotación minera en México. El Situado era transportado a Puerto Rico y almacenado en una bóveda especial en La Fortaleza para de ahí ser trasladado a España. El lastre era reemplazado por la carga de oro y utilizado para 'pavimentar' las calles. De esta forma la línea de flotación de los galeones permanecía inalterada y los corsarios o piratas no podían determinar si estaban cargados o no, o de que se componía la carga.
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IV |
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Cuando llego al Paseo de la Princesa comienza donde se encontraba la antigua Puerta de San Justo, que daba acceso a la ciudad desde el área de la Puntilla. Esta era el centro de importación y exportacón marítima y sede de la aduana. La muralla fue demolida para construir los muelles, entre ellos el de la Lancha de Cataño. De hecho, por un momento dudo si tomar la lancha para irme a dar una vueltita por el pintoresco pueblo al otro lado de la bahía o si continuar por el Paseo.
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Y sigo por el Paseo hasta la Puerta de San Juan, la única existente de las tres que fueron construidas en el sistema de murallas. Puedo continuar por el Paseo, que a partir de este punto cambia su nombre a Paseo del Morro, que me lleva, bordeando el exterior de las murallas, hasta llegar a la entrada de la bahía, al pie de la imponente muralla de Castillo del Morro. Allí se respira aire proveniente de otros países filtrado por la inmensidad del océano, y se disfruta de la brisa mientras los barcos de carga o los cruceros se dirigen hacia el muelle de su destino. O puedo subir por la puerta de San Juan que me llevaría a la Fortaleza, o la plaza de la Rogativa, o a la Catedral de San Juan o muchos otros de los monumentos históricos que hacen de San Juan una ciudad donde la historia se respira en cada esquina.
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Sobre la Rogativa y los ataques al Morro |
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En el 1797, una flotilla inglesa bajo el mando de sir Ralph Avercromby asediaba la ciudad bombardeando. Las mujeres, encabezadas por el Obispo, llevaron a cabo una rogativa por las calles de la ciudad. Al ver la gran cantidad de teas en la noche, los ingleses pensaron que se trataba de refuerzos, desistiendo del asedio a la capital.
Los otros ataques al Morro fueron en el 1595, Sir Francis Drake; en el 1598, el conde de Cumberland, quien logró tomarlo, pero una brote de disentería
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La Rogativa | | entre sus tropas le obligó a abandonarlo; en el 1625, el general holandés Balduino Enrico desembarca por el Escambrón y asedia el castillo por tierra, al no lograr tomarlo se retira, no sin antes incendiar la ciudad (este ataque por tierra trae como consecuencia el amurallar la ciudad por el lado este); y en la madrugada del 12 de mayo de 1898, el almirante Sampson, al mando de una flotilla de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, bombardeó por tres horas la ciudad. Este sería el último intento de tomar a San Juan por parte de quienes lo trataron por 400 años: ingleses, holandeses, franceses y los Estados Unidos.
A fin de cuenta, fue por el sur, por Guánica, por donde entraron las tropas norteamericanas en el 1898, mientras San Juan, la ciudad murada resistió a todos los ataques de quienes intentaron ocuparla.
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Algunos datos sobre el Viejo San Juan |
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El primer centro urbano europeo en Puerto Rico lo fue la Villa de Caparra, donde gobernaba Juan Ponce de León, fundada en 1508 y que fue la capital hasta 1519. Las ruinas de la casa del gobernador están abiertas al público diariamente.
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El Pueblo de San Mateo de Cangrejos comprendía el área de Santurce desde Miramar hasta Piñones. Cuando fue suprimido en el 1863, sus barrios fuero anexados a Carolina, Río Piedras y San Juan.
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El Escambrón es el sector que queda a la entrada de la Isleta de San Juan donde ubica el Parque Sixto Escobar, el Hotel Normandie, el Caribe Hilton y la Playa del Escambrón. Para mediados del siglo XX, El Escambrón Beach Club era el club nocturno más famoso de Puerto Rico y el punto de despegue para las 'big bands' y otras orquestas puertorriqueñas.
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Por su localización estratégica en el Mar Caribe y por la importancia de esta plaza, San Juan fue una de las primeras capitales muradas entre los territorios y provincias españolas de ultramar. A partir del 1638 el perímetro de San Juan quedó definido por un impresionante e irregular cerco de murallas. Las otras ciudades muradas bajo dominio español fueron: La Habana, Cartagena de Indias, Veracruz, Callao, Panamá, Portobelo, Santo Domingo y Campeche.
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Las distintas fortificaciones de la ciudad están conectadas suterráneamente por túneles actualmente vedados al acceso del público. A través de este laberinto subterráneo, las tropas podían trasladarse del Morro al San Cristóbal sin correr peligro de ser heridos o muertos por el fuego de los atacantes. Los túneles también eran prácticos para hacer creer que en las fortificaciones habían más tropas que las que en realidad estaban apostadas en la guarnición.
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La construcción de las murallas y todas las fortificaciones de la ciudad tomó 251 años.
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Un espacio |
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Leyendas y Tradiciones Puertorriqueñas - Cayetano Coll y Toste; Editorial cultural Inc.; Rio Piedras, Puerto Rico; 1975; Colección Puertorriqueña |
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Leyendas Puertorriqueñas para Niños - Marcelino Canino Salgado, Carmen Chiesa de Pérez; Editorial Juvencia, Hato Rey, Puerto Rico, 1983. |
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San Juan: Historia Ilustrada de su Desarrollo Urbano, 1508-1898 - Centro de Investigación CARIMAR, 1989, Primera edición |
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Puerto Rico Turístico: Guía de Viajes para Puerto Rico - Héctor Sánchez Martínez; Publicaciones Puertorriqueñas, Inc., San Juan, Puerto Rico, 1992. |
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© 2002 Américo Boschetti Aponte
Prohibida reproducción parcial o total sin autorización escrita por VAPR o autor |
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