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Un día en la vida
de
Plaza 19
 
© 2002 Américo Boschetti Aponte
Prohibida la reproducción parcial o total sin autorización escrita por el autor
 
Preludio
  
   Cuando a finales de marzo de 1910 se abrió al público, nadie se imaginaba entonces que transcurrido el tiempo y luego de varias remodelaciones, la Plaza del Mercado de Santurce llegaría a ser uno de los lugares de bohemia y reuniones nocturnas más concurridos del área metropolitana, sin dejar de ser durante el día la ‘mesa grande del pueblo’, como alguien una vez llamó a estas plazas cuando eran el centro de alimentación de las ciudades. 
 
   Una de las remodelaciones se llevó a cabo en el 1975 luego de que un incendio arrasara con el 90% del edificio central. En ésta se construyó un segundo piso donde se ubicaron las carnicerías. Problemas con la construcción conllevaron la eliminación de la segunda planta cuatro años más tarde así como una segunda relocalización de las carnicerías, esta vez a un anejo en la calle Orbeta donde aún se encuentran. A los fruteros, vianderos y vegetaleros se les permitió permanecer en el interior.
 
Otra remodelación a mediados de los 90 fue más bien una lavadita de cara que, no obstante ser eso, la hermoseó inmensamente. 
Y la más reciente, comenzada en el 1999 y finalizada en el 2000, que no trajo cambios sustanciales pero, desde entonces, el ambiente bohemio de las noches se popularizó por toda la isla. 
El diseño original ha sido respetado por los arquitectos y contratistas en todas las ocasiones.
 
Son las 5 de la mañana
  
   Desde antes de que comience a salir el día, los placeros llegan a preparar sus puestos de vegetales y verduras dentro de la plaza. Meticulosamente buscan entre los frutos de la tierra removiendo el dañado o 'apolismao'. Echan al lado las hojas secas. Y en cada caja dejan lo selecto de la cosecha exponiéndolo al público como obra de artesanía. Hay varios comerciantes comprándole plátanos por racimo al agricultor mayorista cuyo camión está estacionado desde las tres de la madrugada en la entrada norte, frente a un colmado. Aún con el ajetreo, tienen tiempo para saludarse.
 
   Caminando por los alrededores cuando el cielo comienza a tornarse azul grisáceo coloreado por la inminente salida del sol, un gallo kikiriquea su saludo al astro matinal desde el interior de la ‘granja’ en cuyo portal conversan el dueño y dos empleados del vecino centro de distribución de vegetales que aún permanece cerrado. Un fresco olor a café recién colao se impone al olor campestre de los pollos destinados a un sopón o fricasé. Más frescos no se pueden conseguir. Las pobres aves incautas de su destino, parecen cacarear una alegre conversación interminable entre ellas.
 
   Las carnicerías han abierto. En sus neveras exhiben los diversos cortes de carne y pescados. En el cash and carry, el primer cliente pide una botella de vino justificando su compra con un ‘es que vamos pa’ la playa.” La agencia hípica abre sus puertas anunciando de esta forma que es día de carreras en el hipódromo. Doña Toñita, la dueña de la cafetería que lleva su nombre recibe tardíamente los periódicos que el porteador había olvidado dejar a la hora acostumbrada. El reló marca las 8:00 AM.
 
   De vuelta al interior, ya los placeros han terminado de alistar los puestos para la jornada. Los presentan tan bien, que parecen bodegones vivientes pintados a relieve en las paredes de la plaza. Los clientes han comenzado a llegar. La plaza se llena de personas que vienen a buscar los ingredientes para el almuerzo de hoy o a hacer la compra de la semana. Mientras una brisa fresca sube en contra del tránsito por la Calle Dos Hermanos proveniente de la Avenida Baldorioty de Castro, rumbo a la Ponce de León.
 
   Cierto es que ya el carbonerito no vende carbón en la acera ni se consiguen los huevos directamente de las gallinas enjauladas en las polleras que antaño colocaban al borde de la calle ni los choferes de las señoras ‘bien’ vienen a buscar la compra ordenada por la vía telefónica ni se le llevan las fiambreras con las mixtas de arroz, habichuelas y bisté a los estibadores en los muelles de Isla Grande, pero cuando alguien los menciona nostalgicamente parecen materializarse desde el recuerdo y los vemos merodeando por la plaza.
 
   A las 10:00 AM cominezan a aparecer los elocuentes letreros que, colgados en las puertas, proclaman la apertura de los restaurantes. Exquisitos aromas con un sabor delicioso al olfato deambulan por el aire... ¡Pura cocina criolla!
 
   Mientras tanto, la actividad placera sigue en su apogeo.
 
   Por aquí se saludan dos amigas y, más allá, aquella señora coge de la mano al niñito que se le había perdido momentáneamente, atraído por una suculenta china en el puesto de frutas.
 
   A la botánica alguien llegó a que le leyeran la baraja.
 
   Mientras en las agencias hípicas los jugadores preparan sus ‘cuadros’, unos estudiando meticulosamente el programa del día, otros jugando los ejemplares al ‘güipipío’, por tener nombres lindos o por meras corazonadas.
 
Dan las 12 del mediodía
  
   Para el mediodía a la actividad placera se añaden los comensales que van llenando el restaurante o la cafetería de su preferencia. La gran mayoría de estos son empleados o ejecutivos de los distintos negocios santurcinos cercanos aunque también vienen de otras áreas de la capital y hasta de pueblos limítrofes y no tan limítrofes. Como es viernes, muchas de estas personas, cervecita o traguito en mano, ya andan en plan festivo de viernes social.... de ‘happy hour’. Varias velloneras le ponen música de fondo a la conversación que sostiene un grupo de amigos antes de regresar al trabajo y dándose cita para verse aquí mismo a las 5:00 de la tarde. Uno de ellos que decide quedarse se dirige a la Galería de arte Rubén Ríos en la Calle Canals para ver como va la construcción del ‘café artista’ en el interior y la fecha de inauguración. ‘Pa no perdernosla,’ comenta por lo bajito.
 
De las 2:00 PM en adelante comienzan a acercarse los que se cogieron la tarde libre. Pero el trajín sigue igual. Del salón unisex sale una joven arreglada como para ir de boda. De la ferretería que es a su vez casa de coleccionista sale un caballero satisfecho de haber encontrado el disco en acetato del año de las ‘guácaras’ mientras comenta: “El disco que no consigues aquí, olvídate de encontrarlo en más ningún sitio.” El tiempo corre a una velocidad vertiginosa aunque no lo parezca.
 
De las 5 de la tarde en adelante
 
   La llegada de jóvenes y adultos que se van apostando en las aceras frente a los diversos negocios y piden sus ‘refrescos’ anuncia que son las 5:00 PM. Las velloneras, que cantan desde el interior del bar y de la cafetería mientras los placeros van cerrando sus puestos por el día de hoy, le dan la bienvenida a la 'Plaza Bohemia'. Llegan hombres engabanados y estrasijados; mujeres vestidas elengatemente y en mahones; abogados, periodistas, músicos, políticos, obreros, artistas - todos de ambos sexos y toda clase social. Es un ambiente de fiesta patronal sin machinas ni picas. Muchos vienen a cumplir con alguna cita individual o grupal. Otros vienen al garete, a lo que venga, a comenzar aquí lo que continuarán en otro lugar. La periferia de la plaza se llena de gente compartiendo en franca camaradería. Las cafeterías y restaurantes no dan para la clientela pero es costumbre y más cómodo compartir en las aceras.
 
   En algunos establecimientos ofrecen música bailable o sencillamente para ser oída. De hecho, hay uno en el cual se han movido las mesas transformandolo de restaurant a salón de baile.Un rumbón puede formarse en cualquier esquina. Hay encuentros entre amigos que no se veían hace tiempo. Y la gente viene de todos los rincones de la isla y del exterior, como le invitamos a hacer a nuestros lectores. Porque a fin de cuentas, ‘la mesa grande del pueblo’ se transforma en ese lugar de tertulia y de encuentro, de esparcimiento y de despojo de lo cotidiano de la semana laborable. Es la primera parada en la entrada a un fin de semana de escapismo existencial, de cargar baterías para la próxima, aunque se llegue al lunes arrepentido
 

¡Sí!    Arrepentido... ¡pero con gusto!

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