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Este exquisito regalo, auspiciado por Casa Aboy, comenzó con un gran acierto: el título que presenta la producción. "Del ruiseñor cuando a la luna mira", es un verso muy bien seleccionado que nos invita a dar rienda suelta a la imaginación como antesala al disfrute de nuestros sentidos y lo es porque para Juan Antonio el ruiseñor era el símbolo del alma de nuestro jíbaro. De ese jíbaro que expresaba y cantaba sus lamentos con la melodía y tonos de un areito. Y lo es porque para Juan Antonio el ruiseñor también era el símbolo del trovador que celebraba sus alegrías y tristezas con el estoicismo y la esperanza de construir una patria libre de amos y cadenas. La mirada del ave sonora a la luna es otro hermoso simbolismo. La luna es el espejo del baile en los bateyes, del amor en la guardarraya, de la conversación clandestina en la espesura del bosque y de la proclama libertaria jamás pensada y dicha: “Yo sería borincano aunque naciera en la luna.” En fin, la filosofía telúrica corretjeriana defiende la idea de que el que ama a su patria, también ama a la luna que le alumbra.
Para nuestros ancestros, el aguinaldo era un regalo. Y esta producción es el aguinaldo de Casa Aboy que nos llega como epílogo de la conmemoración del Centenario de Juan Antonio Corretjer Montes, en honor al poeta que más aguinaldos nos ha legado sobre libertad y patriotismo, y sobre la épica de la nación puertorriqueña. Sin lugar a dudas, es el mejor aguinaldo del Centenario porque ha quedado grabado, en forma imperecedera, la idea, la voz, el sentimiento, la pasión y la esencia de la obra poética de Corretjer en una expresión de doble totalidad: como textos representativos de su biografía indivisible, y como discurso representativo de sus intereses, sus preocupaciones y sus luchas como revolucionario.
Si le rendimos homenaje al Poeta, no hay mejor punto de partida que "El oficio". En esta sonata que sirve de preludio, Corretjer escribe que “cuando la maldición mancha la tierra y el crimen va por montes desatado, (es cuando) llama a su pecho la poesía, (y cuando pone) el canto a repicar la ira y la pólvora en cada sílaba". A continuación, en estricto orden, no hay poema que sustituya a "Vida en el pueblo". Este es un cántico de anunciación; el génesis que nos sirve de mandato para entender su vida. Fue el poema que desde la pubertad mariposeó en su mente; el poema que afloró en aquel primer abrazo maternal de despedida que fue la antesala al dolor de la prisión inmerecida. Y cuando surgió la necesidad de tomar pincel y lienzo, la palabra ya estaba escrita. Fue el poema más espontáneo que Corretjer escribió en su vida. No digamos más. Ese poema trasciende la significación del título. Los versos recrean al pueblito de antes, pero el epicentro del escenario constituye una loa a María Brígida Montes González, la autora de su ser.
Pocos puertorriqueños conocieron la historia épica de María Brígida. El poema "Vida en el pueblo" nos convoca a rememorar el recuerdo de recuerdos. Eran las cuatro de la madrugada del 3 de marzo de 1908. Doña Maruca, una comadrona de gran experiencia y conocimiento en Ciales, atendía el proceso de parto de Doña Brígida. A pesar de sus esfuerzos no podía vencer la madeja de contratiempos y dificultades que a cada instante encontraba. Dos vidas, sobre todo la del recién formado, pendían de una oración y de un milagro. Y ambas cosas ocurrieron; el doctor Martínez llegó a tiempo. Maruca sirvió de ayudante y advino el alumbramiento. La luz que fue dada lanzó su primer grito a las cinco de la madrugada. Doce años después, por las calles aledañas a la casa del mágico cerezo, estaría el niño adulto lanzando gritos a favor de la independencia de Puerto Rico en las manifestaciones unionistas. Corretjer siempre fue muy agradecido; siempre reconoció que todo lo que era se lo debía a su madre, a Doña Brígida: “La creadora no de un cuerpo, de un alma amanecida.”
Como aquel brioso corcel al que Corretjer daba rienda suelta por Sabana de Frontón, así nos llega el resto de los títulos de esta hermosa y trascendental producción. Similar a la relación de fray Ramón Pané, queda soslayada la cronología de una vida porque lo importante es incluir los elementos esenciales de una vida bien vivida. La selección, va tras las huellas de aquel jinete que desde su temprana edad filosofaba ante el disfrute de la ráfaga o la caricia tenue del viento; tras las huellas de aquella aldea que llevaba en su corazón y que fue el marco de su formación psicológica y sociológica; tras las huellas de la expresión telúrica y lírica de la tierra de su corazón; tras las huellas de un simple ser humano que, pie hundido en la arena, le promete a la playa del sur fundirla en su recuerdo. Así, simplemente así, como si en aquel momento Gautier Benítez hubiese estado a su lado.
Va también tras las huellas de aquel amor hacia Consuelo que es un canto que genera fuego con su danza de hipérboles sucesivas: "No duermas, quédate recostada", le dirá en verso, como el que sabe, porque está consciente, de que él no es él, sin ella; tras las huellas de aquel intrépido y atrevido bardo, que sabiendo que lo era, con gran humildad buscaba la perfección, buscaba "una palabra" (como su voz diría), "una palabra como una llama, como una luz, como una ventana", porque quería escribir el perfil de nuestro ser. ¡Qué hermoso y trascendental es poder decirte en este homenaje: gracias borincano, lo lograste!
Va tras las huellas de aquel escenario campesino que por siglos se repite: La victoria del pequeño sobre el poder que avasalla. Un discurso justiciero presente en el grito de “Pitirre, Pitirre”, que en el sensible poder auditivo de Corretjer era como oír, “Patria, Patria.” También va tras las huellas de su famoso "Manifiesto" donde queda aclarado que nuestro país tiene épica aun cuando Borinquen no es Itaca. En los Picachos de Jayuya están las estrellas arrodilladas. No olvidemos… Después del "Manifiesto", Corretjer pasó a sus Alabanzas.
Va tras las huellas del Poeta Trovador que recordó a Lares a través de nuestro Leñero; que recordó “la epopeya del dolor”: “Hoy está un pueblo naciendo hijo de nuestro valor.” Va tras las huellas de aquella reflexión sobre su vida: un poema para otro aniversario, otro año, y otro… Otro año siempre en lucha, “hasta clavar el último dólar contra el paredón de Jayuya y llegándome hasta la tumba de Albizu —Ya está hecho viejo, decirle.—” Va tras las huellas del Poeta Historiador que le cantó a los hijos de África, borincanos igual que tú, igual que yo, en su lucha de estandarte betancino; gritándole al mayoral: “Se acabó la esclavitud negra.” Va tras las huellas del Poeta comunista que sueña la llegada de Guevara, y pinta a Sierra Bermeja con el más intenso rojo: “No está salvo Borinquen todavía.” Y advierte y reclama como un Betances: “¡Que despierten!” Y va tras las huellas de la voz solitaria de Corretjer, declamando y dibujando, la dialéctica del aire y de la tierra como si fuesen dos mabuyas conspirando contra el intruso en los tiempos de Agüeybaná El Bravo.
Para cerrar con broche de oro, más no el oro mercancía, sino con el del guanín sagrado, Cimarrón nos obsequia la cantata "Tiempo Bolívar", que es ayer, que es ahora, que será mañana, con su Corretjer revolucionario, armado de internacionalismo bolivariano y de la espada de la esperanza, empuñada por un caracol que desde hace un millón de años grita y canta: “¡El bravo pueblo nunca acaba!” ¡Gracias Corretjer, por todos los servicios que brindaste a la Patria!
Agradecemos a Marisa Rosado y a todos los colaboradores de Casa Aboy que con su apoyo hacen posible que esta institución cultural se mantenga en pie para realizar labores tan encomiables como este aguinaldo que merece un prólogo. Sabemos de la admiración y el respeto que siente Marisa por Corretjer, sentimientos de afecto que se remontan a la década de 1960, sobre todo cuando en funciones de Secretaria Ejecutiva de don Ricardo Alegría, colaboró para que el primer tomo de la Obra Completa de Coretjer fuese publicado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Esa admiración y ese respeto también han quedado plasmados en las actividades que Casa Aboy realizó para conmemorar el Centenario.
A Brunilda E. García, ya en el contexto del trabajo artístico y conceptual, quien nos motiva a expresar nuestro agradecimiento por ofrecernos este obsequio. Gracias por mantener en tu voz la poesía siempre viva de Corretjer y por ir más allá de tus capacidades como artista: por atreverte a declamar y a cantar la obra de Corretjer en la tribuna que auspiciaba la Liga Socialista Puertorriqueña, en aquellos momentos de tanta represión contra la organización y contra Juan Antonio y Consuelo. Tu trabajo artístico nunca se ha separado de Corretjer. Reconocemos el esfuerzo que has realizado en la dirección artística de este proyecto, y sobre todo, por seleccionar y convocar al elenco de Cimarrón, a la Orquesta criolla nacional Mapeyé, a la primerísima actriz Iris Martínez, y a otra pléyade de artistas, para que se unieran en este homenaje que artística y musicalmente se ha convertido en una lección magistral en honor a Corretjer. |