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Las coronas de las palmas de corozo rompen el algodonoso manto de neblina que cubre todo el valle fértil desparramado al pie del monte de Abras que bosteza mientras los gallos anuncian al día y el sol asoma tenuemente en el horizonte impreciso. La boca abierta del monte es la Cueva de los Quinteros, que a su vez es un ojo milenario que siempre ha velado por su comarca. Un murmullo de río se escucha debajo del manto blanco que se tiende hasta la montaña del elefante. El sol clarea el cielo desde el este y la niebla se eleva lentamente hasta disiparse en el aire. |
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Esa serpiente líquida que contorsiona entre los árboles de la cordillera central, desciendie por las laderas hasta los valles y pasa a través del pueblo en su camino hacia el Océano Atlántico se llama el Río Cibuco; el pueblo que atraviesa se llama: Corozal. |
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| Tomado de un cuento inédito | |
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| Yo pasé buen parte de mi niñez y bastante de la preadolescencia y adolescencia - hasta 1970 - en Corozal. Y corozaleño me considero. |
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Y es porque, para la segunda década del siglo 20 mi abuelo Carmelo Aponte, natural de San Lorenzo, emigró de su pueblo natal junto a su esposa Josefa Morán, natural de Gurabo. Y tras un éxodo que le llevó por Comerío y Naranjito, finalmente llegó a Corozal, al principio de los '30, con una "troupe" de 6 hijos, Jose Manuel 'Mano', Carmen Delia 'Nana', Carlos Enrique 'Chapo', Josefina 'Finín, Pilar y Concepción 'Conchin', que nacieron en el trayecto. En Corozal plantó bandera la familia recién llegada, y corozaleños se hicieron por decisión propia y adopción de los compueblanos. Ese amor por el pueblito incrustado entre las montañas fue tan grande que hasta los nietos de Carmelo y Pepa, aunque en su gran mayoría nacieron en el área metropolitana, todos llevan en la sangre el orgullo de ser corozaleños. |
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Mi abuelo llegó a ser muy influyente e importante en el pueblo. Fundador de la línea de guaguas el Nuevo Trato y del Club de Leones, cuya Casa Club lleva su nombre, fue un líder cívico que muy fácilmente pudo llegar a ser alcalde pero no lo puso en su agenda. |
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Podría llenar este artículo de mil anédotas familiares, pero prefiero dejar a mi memoria vagar por algunos que no sean subjetivos. Pasearé por los recuerdos de un Corozal de finales de la década del 1950 y hasta 1967. |
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De niño oía los cuentos de la mujer sin cabeza en el puente de Mavillas, o los del vampiro que rondaba por el monte de las tres Cruces. Eran las leyendas corozaleñas que mantenían a los niños encerrados en las casas luego de caer el sol. La de la mujer sin cabezas le daba escalofríos a los adultos que transitaban por el área de Mavillas de noche. Especialmente a aquellos que viajaban solos y aún si lo hiciesen acompañados. |
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Recuerdo a la guaguita de dentro Pedro llevándonos al Colegio Sagrada Familia en las mañanas y recogiéndonos al mediodía para regressarnos después de almuerzo a finalizar los cursos de la tarde y llevarnos de regreso a las casas una vez a media tarde. Su guaguita era conocida por todos en el pueblo. |
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Al tope de la cuesta del Barrio Cuba Libre, en la esquina, estaba la casa de Miss Loidy, el "school supply" que pertenecía a dos amables señoras que viviían en el segundo piso de la casona de dos pisos. Todo el mundo en el pueblo sabía que eran un "matrimonio de hecho" pero nadie nunca les recriminó nada ni comentaba sobre ellas. En muchas ocasiones era parada necesaria en los viajes de Pedro a la escuela para que los "pasajeros" nos supliéramos de materiales escolares y de dulces. |
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Al lado derecho de la escalinata principal de la Iglesia estaba la pintoresca barbería del igualmente pintoresco don Sico. (La misma fue reconstruida y es considerada monumento nacional por los corozaleños). Usualmente mientras alguno de los muchachos preadolescentes se recortaba, los demás se asomaban esporádicamente por las ventanas a ver como iba el recorte, a hacer algún chiste en voz baja o a fastidiar, lo que era permitido siempre y cuando fuera desde la ventana. Si se metían adentro la cosa cambiaba. Sico los sacaba del establecimiento, lo que a su vez hacía que más se fastidiaran por las ventanas. Don Sico tuvo siempre de moda en su barbería el estilo "Unirec" para los niños - un recorte igual para todos: pelaos a raspacoco. |
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Ya preadolescente y adolescente, mis ojos se abrieron a otro Corozal. |
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Por las noches, los viernes y los sábados la plaza se cundía de jovencitos y jovencitas que daban la vuelta a la misma por la acera que la circundaba. Los jovenes caminaban en un sentido y las jovenes en sentido contrario para lograr verse las caras y lanzarse guiñs, sonrisas y hasta besitos furtivos que provocaban ababachamientos tanto de uno como del otro, de acuerdo al grado de timidez. |
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Los viernes y los sábados por las noches la plaza del pueblo se cundía de jovenes que daban la vuelta a la misma por la acera que la circundaba. Los varones caminaban en un sentido y las féminas en sentido contrario para lograr verse las caras y lanzarse guiñs, sonrisas y hasta besitos furtivos que provocaban ababachamientos tanto de uno como del otro, de acuerdo al grado de timidez. |
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Los ya novios se sentaban en los bancos de la plaza, a veces solos, otra veces en grupitos chachareros. |
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Las Fiestas Patronales |
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Las fiestas patronales de Coerozal se celebran en la primera semana de diciembre, ya que es el 8 del mes que se celebra el día de la Inmaculada Concepción, la santa patrona del pueblo. |
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Los niños las esperaban por las machinas; los adukltos por las picas y los bailes en el templete. |
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